De regreso en Xalapa en Domínguez y Buis Galería

16 octubre 2017 | 17:41 hrs | Por Marco Lamoyi

Visité Xalapa por vez primera en 1993, la magia envolvente de su neblina, su constante llovizna y la atmósfera apacible de la ciudad, fueron en esos días, un momento de reposo, en comparación con la agitada vida que tenía en la ciudad de Nueva York por esas fechas. Mi visita de una semana se extendió por algunos años, interrumpida por innumerables viajes de trabajo a la Ciudad de México o al extranjero, pero la tranquilidad creativa que la ciudad propiciaba me hizo uno más de sus habitantes.

Los espacios culturales por esa época eran pocos, sin embargo, la ciudad en su conjunto daba la impresión de preocuparse por los asuntos de la cultura y en buena medida, esa fortaleza radicaba en la enorme presencia de la Sinfónica de Xalapa, integrada por excelentes músicos y los habituales conciertos de los viernes. La llegada del escritor Sergio Pitol a la ciudad a finales de los ochenta, fue para las Letras Veracruzanas una brisa refrescante y su premio Cervantes en el 2005 un gran acontecimiento para México; vecino cercano, lo visité en diversas ocasiones para mostrarle mi obra fotográfica, platicar de los amigos comunes y la vida artística; guardo con aprecio una carta escrita de su puño y letra con líneas generosas acerca de mi obra. Algo distante del centro de la ciudad, las silenciosas salas del Museo de Antropología desplegando una maravillosa colección Olmeca contribuían al paisaje cultural como muestra de un pasado original para beneficio de sus visitantes.

No obstante contar con una Escuela de Artes, la práctica dedicada a las artes visuales en general no había propiciado una resonancia nacional en sus resultados artísticos por esos días, Carlos Jurado era un añorado recuerdo; a excepción de la fotografía y el diseño gráfico de algunos alumnos o maestros. Con el tiempo, la cerámica encontró raíces en la comunidad y la presencia del internacional artista Gustavo Pérez hizo escuela en muchos.

En la ciudad me reencontré con algunos amigos, José Homero, José Luis Rivas, Roberto Williams, Conni Armendáriz, Jean Luc de France, Pepe Maya, Roberto Ramos, José Torres Cházaro, Roberto Guerrero, entre otros y que esporádicamente visitaba; pero era la vida en la montaña lo que verdaderamente disfrutaba. Un día, invitado por Adriano Berengo a realizar algunas obras en cristal en Venecia, en sus  talleres de Murano, salí de viaje por unos meses y esos meses se hicieron años, la Xalapa apacible con sus calles irregulares de piedra volcánica, su poco tráfico, las pequeñas tienditas de barrio y sus canastas de comida, permanecieron en mi recuerdo.

A principios de este año, recibí la llamada de Patricio Ramos, quien amablemente me convocaba a mostrar mi obra en la ciudad de Xalapa, su invitación me sorprendió, ya que, conociendo la ciudad y sus espacios de exhibición, no encontraba en mi memoria un lugar lo suficientemente amplio y ordenado, para realizar la muestra; finalmente decidí venir a conocer la galería y para mi sorpresa, me encontré con unas salas hermosas en su presentación y de una amplitud excepcional. Con un área de más de 600 metros cuadrados por piso, la Galería Domínguez y Buis, próxima a inaugurarse, con sus tres niveles de exhibición, se erige como el espacio privado más elegante y profesional, en el ambiente de galerías que conozco en este país y son pocas las galerías privadas en el mundo con este nivel.

El proyecto inició hace nueve años de la mano de su propietario Don Julio Domínguez, quien con la complicidad de Silvia Buis, egresada de la facultad de Filosofía y pedagoga, dieron inicio a la construcción del edificio con su plaza comercial anexa, en un área de la ciudad semidesértica sobre la avenida Arco Vial, que por esos años apenas estaba en trazo. Con 16 años en los medios impresos, como la revista Newsweek Veracruz o el periódico Noreste,  Don Julio Domínguez, es un entusiasta de las Artes de nuestro tiempo; apasionado del dibujo, recuerda con cariño su aprendizaje formal en la Escuela Secundaria Técnica 36, en la ciudad de Xalapa; con ese gusto por el dibujo, estudia Arquitectura en la ciudad de Monterrey, para dedicarse en años posteriores a la construcción. Orgullosamente veracruzano, Don Julio Domínguez, me comenta, que agradece al Dios absoluto, haberle dado la oportunidad por permitirle aportar con esta galería, una herencia a la histórica cultura veracruzana; un espacio para todos, dedicado a las Artes, la Literatura o las nuevas propuestas electrónicas.

El diseño del edificio estuvo a cargo de Héctor Rechy y es concluido por el Arquitecto Héctor de Leo; con sus amplias salas, este importante espacio, seguramente revitalizará la escena cultural de las artes visuales en Xalapa y a nivel nacional, ofrece a los artistas del país y extranjeros, espacios de exhibición acordes con nuestro tiempo y sus obras.

Hoy, esa Xalapa de antaño acuciada por el progreso, ha desterrado la neblina de sus calles y la tranquilidad vial de sus habitantes; el secreto deseo de muchos por un mejor nivel de vida, ha transformado la ciudad en un carrusel enmarañado de coches que abarrotan sus estrechas calles, sin embargo, al caminar por el centro de la ciudad, con la feria del libro extendida en los portales del Palacio de Gobierno, sus festivales de música o la algarabía el domingo en el parque Juárez, nos da la impresión como si nada hubiera cambiado con los años, y sí, mucho ha cambiado, pero qué mejor es cobijarnos en las nuevas aventuras que la cultura nos ofrece.