Dan prisión preventiva indefinida a Nuzman

El lavado de dinero y corrupción dentro del deporte es fácil de realizar según autoridades brasileñas

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10 octubre 2017 | 12:33 hrs | Víctor Hugo Arteaga/ Enviado Especial

Sao Paulo, Brasil.-La captura en Brasil del presidente del Comité Olímpico Brasileño (CONB), Carlos Arturo Nuzman, debería poner el ejemplo en México a su homólogo Carlos Padilla Becerra, que en el ciclo olímpico de 2012 a 2016 recibió al menos 569 millones de pesos del Gobierno Mexicano, sin que se tengan claridad en qué se gastó ese dinero.

Nuzman fue capturado la semana pasada por la Policía Federal y está acusado de lavado de dinero, asociación delictuosa y corrupción, en una investigación que inició en París hace dos años.

Los delitos de corrupción son orientados a la compra de votos para que Río de Janeiro recibiera en el 2009 la sede para organizar los Juegos Olímpicos, cuando Nuzman pagó una “propina” al ex gobernador de Río, Sergio Cabral.

El político carioca a su vez, utilizó 2 millones de dólares para pagar al senegalés Papa Massata Diack, hijo del presidente de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF por su acrónimo en francés), Lamine Diack, con lo que se garantizaría su voto para que Río fuera elegida sede.

El voto de Diack no estaba decidido en ese entonces, por lo que los funcionarios públicos y del deporte brasileño, aseguraron el mismo.

Nuzman ha pasado de ser “El Bien Amado” del deporte brasileño desde su participación en Tokio 1964 en la escuadra brasileña de volibol, al “más grande defraudador” en la historia deportiva de este país.

Sus inmaculados logros al frente del olimpismo brasileño desde que tomó las riendas del Comité Olímpico hace 22 años, han quedado en el olvido en menos de 96 horas, durmiendo en prisión.

Bajo la dirección de Nuzman, Brasil en la rama masculina logró estar presente en seis de las últimas nueve finales olímpicas desde 1984 hasta el año 2016. Sólo falló en los Olímpicos de Seúl 1988, Atlanta 1996 y Sydney 2000.

Nuzman ha sido uno de los hombres más revolucionarios del volibol internacional, desarrollando uno de los equipos que dominó el mundo de su deporte en las tres décadas en las que ganó la medalla de oro masculino en Río 2016, Atenas 2004 y Barcelona 1992.

Brasil además obtuvo las medallas de plata al caer en el juego final de los Olímpicos de 1984 en Los Ángeles ante Estados Unidos, luego en Beijin 2008 y en Londres 2012.

Esos logros hoy serán olvidados, de comprobarse que bajo sus órdenes el deporte brasileño diseñó un esquema para literalmente comprar la sede de unos Juegos Olímpicos, escándalo que no se daba en el olimpismo desde Sal Lake City (Utah) para ser sede los Olímpicos de Invierno en 2002.

En esa ocasión el caso de corrupción terminó con la expulsión de seis miembros del Comité Olímpico Internacional (COI) que recibieron favores familiares, becas para sus hijos, trabajos, contratación de prostitutas y dinero en efectivo.

El caso de Nuzman es, si se comprueba, mucho mayor y más delicado, razón por la cual las autoridades internacionales como el FBI, Scotland Yard y la Policía Francesa, además de la Interpol, ya desarrollan investigaciones.

La captura de Nuzman, pero también de su director de operaciones Leonardo Gryner, demostró en un breve periodo de tiempo que las autoridades de procuración de justicia brasileñas no se andan por las ramas.

Las investigaciones alrededor de Nuzman han llegado ya hasta la banca suiza, que tuvo que emitir un comunicado la semana anterior en la que se comprometió a colaborar con las mismas, a pesar de su tan reconocido secreto bancario.

De esa forma, se ha logrado confirmar que Nuzman tiene una caja en un banco suizo, en el que depositó 16 lingotes de oro, cuyo peso ha sido calculado entre 995 gramos a 1.005.

Si los precios de una barra de oro varían de entre 40 a 42 mil dólares, Nuzman tiene invertidos en sus lingotes en Suiza alrededor de 560 mil a 600 mil dólares sólo es esa caja.

La justicia brasileña ha declarado que el desproporcionado crecimiento de la fortuna de Nuzman entre 2006 a 2016, también se debe a posibles pagos recibidos de diferentes federaciones internacionales por la adquisición de equipamiento para los Olímpicos de Río de Janeiro.