CONGRUENCIA…CONGRUENCIA.

29 octubre 2014 | 18:05 hrs |

De lo que se trata, es de fortalecer la convivencia civilizada. De ahí que no hay lugar a duda, sobre el hecho de privilegiar la solución pacífica de los innumerables y diversos problemas y conflictos, así como la previsión de su crecimiento y complicación, e incluso en ciertas formas, la de los imprevistos, que vive, acumula y padece toda organización social, particularmente el Estado, que incluye a sus múltiples ámbitos y expresiones de gobierno, de representación pública y organización institucional.
El diálogo, la comunicación, el acuerdo son elementos importantes, imprescindibles para atender inconformidades y evitar enfrentamientos y violencia. Pero nada mejor como los resultados, como los hechos que ratifican la intención y la acción, de esa convivencia pacífica, del interminable esfuerzo civilizatorio.
Legitimidad y legalidad, orden y autoridad, participación y pluralidad, cambio y fortalecimiento. Son algunos de los objetivos-instrumentos (ambas cosas a la vez), que las sociedades utilizan en diversas formas, intensidades y características. Hechos que, con otros, definen e identifican a los pueblos y los gobiernos que mantienen y sostienen.

Así que, sobre todo en las democracias y sus procesos, es requisito básico impulsar el dialogo, intercambio de ideas, comunicación permanente para encontrar el consenso, el interés social o bien común.
PACTO Y LEY
Reto básico y elemental, es encontrar coincidencias e identificar diferencias, que allanen el camino para establecer el anhelado y pretendido acuerdo, compromiso, arreglo, trato, contrato, tratado, alianza o pacto.
En uno de sus sentidos originales, un pacto, sostiene Arnaldo Córdoba, “es un servicio que se hace al culto a la voluntad en todos los actos de intercambio y en todos aquellos actos fundacionales del Estado de nuestros tiempos. La expresión de la voluntad en cualquiera de sus formas, basta para perfeccionar un contrato; el manifestarse por un determinado sistema político forma parte de lo que Rousseau llamo el contrato social, que es la forma en la que se explica la soberanía popular”. (Jornada 190513)
Propósito que requiere de respeto y tolerancia. Intención que exige credibilidad y confianza, entre participantes responsables, representantes de las partes interesadas, involucradas o afectadas.
Con razón se asegura que, a fin de cuentas, toda ley es un acuerdo entre las diferentes fuerzas políticas, consolidado por un proceso legislativo vigente, respaldado por la fuerza del Estado (también definida en sus leyes respectivas) y legitimado permanente por la sociedad, que bien puede rechazar, aceptar y reformar.
De ahí que, no falta razón a quienes, como Isabel Turrent, sostienen que “además del pacto por México, Peña Nieto debe firmar un Pacto con México. Necesita consolidar el apoyo de la mayoría a las reformas.” (Reforma. 190513)
Quienes gobiernan, por ningún motivo deben olvidar que todos y cada uno de sus actos de gobierno tienen que ser legales y legítimos. Ni más ni menos.
En todo caso, en principio, el interés general, es impedir que la violencia se convierta en el medio común de imponer solución a los problemas y conflictos. Y, desde luego, otros intereses son, sin duda combatir la delincuencia y abatir la ineficiencia, que tantas pérdidas y daños causan en las instituciones públicas y privadas.
Así que, hay que utilizar y mejorar todos los medios, instrumentos y procesos civilizatorios, para alcanzar objetivos y metas, a partir de valores y principios, de libertades y derechos individuales y sociales. Esto es, siempre en el contexto y alcances del imperio de la ley, del Estado de Derecho.
No intentar, ni permitir sustituir ley y Estado. Incluso en acuerdos temporales de control de daños, de organización o actualización gubernamental, se debe permitir hacer uso y abuso de los recursos y el patrimonio público, así como de las atribuciones de las instituciones. Tampoco de la manipulación, ocultamiento y engaño, para sostener enajenación y distracción como formas de impedir o limitar la participación individual y social, imprescindibles en la legitimación, la credibilidad y confianza.
Preciso no olvidar y tener presente que simulación, disimulo, complicidad e impunidad, una vez que se arraigan y aumentan, fortalecen ineficiencia y complicidad, delincuencia e impunidad.
A fin de cuentas, de lo que se trata es precisamente de asegurar el imperio de la ley y garantizar el Estado de Derecho.
Ningún acuerdo, trato o pacto es aceptable, si como consecuencia mediata o inmediata es que ceda ó desaparezca la ley, y la justicia se ausente
Además, en una democracia, imprescindible la credibilidad y confianza ciudadana y social. Legitimación, simple y sencilla legitimación de cada acto de gobierno.
SIMPLEMENTE CONGRUENCIA…
Comparto ahora, algunas ideas, para la reflexión, análisis y debate, publicadas en parte, en la joven y creativa revista “Vuelta a la página. No.08”.
A propósito de algunas, simples y sencillas soluciones respecto al quehacer gubernamental, la participación social, los pactos y…”el adendum”.
La CULTURA, así con mayúsculas, representa en muchos aspectos, la clave para enfrentar y resolver problemas nuevos, viejos o ancestrales. Sus múltiples formas de expresión, individual y colectiva, conforman históricamente desde principios de identidad, organización y movilidad, hasta usos y costumbres, métodos y prácticas, técnicas y sistemas para la existencia, la convivencia y la evolución.
En su más amplia acepción, recurrir a la CULTURA de un pueblo para asegurar su existencia y desarrollo implica, establecer y hacer valer y respetar reglas, valores y principios; y también, lo que es más difícil y muchas veces lento y complicado, implica irremediablemente introducir modificaciones, transformaciones o simples cambios. Esto es, mutatis mutandis, cambiar lo que se debe cambiar. Reto siempre presente.
Comprobado está, que la clave para toda sociedad democrática, es fortalecer el Estado de Derecho, en su aspecto más amplio; y en particular o concretamente, en cumplir y hacer cumplir la ley, por y para todos. Sin fingir, encubrir o aparentar.
Este es, el requisito insustituible, la condición “sine qua non” que cuando se pasan los límites. Cuando sistemáticamente se ignora, simula, engaña o manipula, se ocasionan o acarrean graves consecuencias sociales, como negligencia e ineficiencia gubernamental crecientes, así como de delincuencia en general. Lo que fácilmente se convierte en inestabilidad, inseguridad y conflictos sociales.
Si cede la ley y se excluye la justicia, la impunidad se convierte así en forma o expresión notoria del Estado Fallido, en donde. “el dejar hacer y dejar pasar”, el disimulo y la complicidad transforman la convivencia social, en expresiones de injusticia, abuso y violencia.
Imprescindible asegurar la convivencia civilizada a partir de la solución pacífica de los conflictos y problemas. No hacerlo es, en muchas formas, exponerse a pagar muy altos costos, limitaciones y sacrificios; incluso, aproximarse y exponerse al exterminio, al suicidio como organización social.
En su reciente artículo, “la ecuación de la corrupción”, Anton Costas, pregunta: “¿Cuándo un país es corrupto? Cuando existe lo que los anglosajones llaman petty corruption. Es decir, corrupción generalizada a pequeña escala, consistente en tener que pagar gratificaciones para el desarrollo de las actividades cotidianas, como hacer un trámite administrativo, acceder a un servicio público, como elegir una escuela o ser atendido por los servicios de salud,,,”(El país. 280713)
¿Dónde se vive y padece esta corrupción? Tema y artículo a los que hay que regresar, para analizar y reflexionar sobre los alcances de los pequeños, medianos, grandes y más grandes delincuentes gubernamentales, que proliferan en todas partes del planeta.

En la CULTURA están muchas de las soluciones y en gran parte la actitud para enfrentar problemas y necesidades sociales prioritarias.
Después de todo asumir la condición de ser humano implica una responsabilidad, un compromiso, un esfuerzo real, sistemático y congruente, en la siempre ardua y difícil, basta y compleja tarea de alcanzar y garantizar condiciones necesarias, para la vida y su medio ambiente.
Consecuentemente, no se puede eludir o ignorar, simular o aparentar el deber y compromiso de garantizar la integridad de la existencia humana, la protección de sus libertades, derechos y patrimonio. Toda cultura exige congruencia entre decir y hacer, entre dicho y hecho. Congruencia…congruencia.