Con “el enemigo en casa”

9 octubre 2017 | 18:40 hrs | Carlos Jesús Rodríguez

EN SU libro de intriga política: “El enemigo en casa”, la escritora inglesa Lindsey Davis, autora, entre otras obras de: “Último acto en Palmira”, “Tiempo para escapar” y “Una conjura en Hispania” (recomendables cien por ciento), reseña que en la Antigua Roma el número de esclavos llegó a ser mucho mayor que el de ciudadanos libres, y que a menudo los romanos sentían verdadero pánico de “los enemigos en casa”, esto es, de los sirvientes que vivían bajo su propio techo. Por ello, refiere la literata que para apaciguar sus miedos, el gobierno decretó una ley conviniendo que si un romano era asesinado en casa y el culpable no era, rápidamente, descubierto, sus esclavos, todos ellos, fueran responsables o no, serían inculpados y condenados a muerte sin excepciones. Se trataba de infundir temor hacia dentro de la servidumbre, sabedores de que una rebelión general de estos podría acabar con el imperio. Así, cuando una pareja era violentamente asaltada y asesinada en su propia habitación, sus esclavos domésticos sabían lo que iba a suceder, y huían rápidamente para esconderse en el Templo de Ceres, donde tradicionalmente se respetaba a los refugiados, o se sumaban a las invasiones bárbaras que, finalmente, triunfaron devolviendo la libertad a los esclavos que les apoyaron desde dentro. Algo similar sucedió con la antigua Tenochtitlán: cuando los españoles arribaron a territorio nacional encontraron en el camino a muchos pueblos que pagaban tributo al imperio mexica tras ser avasallados. El pago era en hombres y mujeres para ser sacrificados a sus dioses (producto de las llamadas “guerras floridas”), o en especie, alimentos, aves y armas labradas en obsidiana. Todos estos se habían convertido, a fuerza de ser menospreciados a partir de la esclavitud, en “enemigos potenciales en casa”, de tal suerte que llegado el momento coadyuvaron a la derrota de sus opresores.

ALGO SIMILAR está ocurriendo tras la renuncia de Margarita Zavala al PAN: cuando muchos suponían que habría una desbandada sin precedentes o renuncias masivas a ese instituto, una aparente calma reina al interior de Acción Nacional cuando, en realidad, se está viviendo un río revuelto y caudaloso bajo la superficie, una pandemia que luchará desde adentro para derrocar al enemigo, en este caso, Ricardo Anaya. Y es que la fuerza de la crítica no sería tan destructiva si los seguidores de la ex primera dama renunciaran y la vertieran desde fuera. “Para que la cuña apriete debe ser del mismo palo”, dice un refrán popular, y eso, precisamente, harán Senadores, Diputados Federales y locales del calderonismo, ex gobernadores y miembros de la dirección nacional: combatir desde los intestinos para causar el mayor daño posible a la cabeza.

Y ES que en ocasiones el “enemigo en casa” pasa desapercibido. Es aquel al que golpeaste y te olvidas de que lo hiciste, pero él jamás borrará la afrenta y esperará el momento oportuno para devolverte el porrazo. Son odios acumulados que más temprano que tarde aflorarán, como el de los 15 mil despedidos por esta administración Estatal, cuando en el pasado reciente fueron quienes apuntalaron con su voto el triunfo que ahora los reprime, o taxistas que quedaron fuera del reordenamiento, o empresarios, comerciantes y prestadores de servicio a quienes el Estado adeuda millonadas, o policías maltratados y sometidos, o mujeres que buscan a sus familiares desaparecidos sin que el Gobierno las atienda, o los deudos de cientos de ejecutados, secuestrados, asaltados o extorsionados. Todos ellos son potenciales “enemigos en casa” que terminarán devolviendo “el favor” en las urnas”.

PERO LA soberbia del poder impide advertir los riesgos, como decía el “clásico” cuando estaba “en la cúspide del pinche poder”, o el heredero cuando amenazaba: “ojalá no vayas a ser un lastre para tu familia”. Casi émulos de los emperadores romanos, los gobiernos o quienes ejercen poder tienen mucha similitud con “Los 12 Césares” de Suetonio, libro que exhibe los excesos, anécdotas escabrosas, ingenuidad e interés que rodeó a esos personajes. Más que describir caracteres o detallar la psicología de cada uno de ellos, Suetonio deja que las anécdotas, tanto personales como relativas al ejercicio del poder arrojen luz sobre los que fueron los hombres más poderosos de su tiempo, como el caso de Tiberio, sucesor de Augusto, cuya crueldad no conoció freno ni límites cuando supo que su hijo Druso, a quien creía muerto a consecuencia de una enfermedad provocada por su intemperancia, había sido envenenado por su esposa Livila y por Sejano, este último su amigo y confidente y uno de los hombres más poderosos del imperio. Sejano junto con Livila, mujer de Druso y amante del primero, fueron ejecutados junto con todos sus seguidores, -dice la historia que alrededor de cinco mil- de la manera más cruel, enviando un mensaje a otros “enemigos en casa” que pudieran conspirar contra Tiberio.

HAY QUIENES alertan que el exceso de confianza es el mecanismo que acrecienta y fortalece a los enemigos en casa, y en el actual Gobierno se está incurriendo en ello, por ejemplo, circula en redes sociales la advertencia de una dama que amenaza dar a conocer audios y videos que involucran a Sergio “bailador” Hernández, titular de la Junta de Coordinación Política, y de Carlos “chico” Fuentes, secretario de Servicios Administrativos y Financieros, a quienes la diputada panista Cinthya Amaranta Lobato Calderón denunció en tiempo y forma por disponer a discreción del presupuesto del Congreso y organizar verdaderos bacanales u orgías al estilo de los Césares, y como esas acusaciones ha habido varias, entre otras, de Marijose Gamboa, también legisladora panista, pero en Palacio de Gobierno parece no interesarles, no obstante que se combate a un ex Gobierno que sumió en la debacle financiera al Estado. Ellos, sin duda, son enemigos en casa solapados por conveniencia, y quienes llegado el momento causarán un enorme daño al Gobierno, o la actuación del Secretario de Seguridad Pública, Jaime Téllez Marié que no obstante haber sido enviado por el Ejecutivo a coordinar el combate a la delincuencia en el sur del Estado, el índice de criminalidad se disparó de manera exponencial en los pocos días que ha permanecido allá.

EN FIN, dice José Saramago en su “Ensayo sobre la ceguera” que “si antes de cada acción pudiésemos prever todas sus consecuencias, nos pusiésemos a pensar en ellas seriamente, primero en las consecuencias inmediatas, después, las probables, más tarde las posibles, luego las imaginables, no llegaríamos siquiera a movernos de donde el primer pensamiento nos hubiera hecho detenernos”. Pero los ciegos de poder se niegan a ver. Así de simple. OPINA carjesus30@hotmail.com

*Esta es opinión personal del columnista