‘Caso Omarosa’: las grabaciones secretas que están poniendo en aprietos a Trump

Ha sido calificada por Trump de ‘escoria’, una mujer ‘chiflada’, ‘desagradable’, ‘despiadada’…

15 agosto 2018 | 11:09 hrs | El Confidencial | Mundo

Omarosa Manigault Newman. Recuerden este nombre, porque su historia tiene todos los ingredientes para convertirse en el próximo gran culebrón de la Administración Trump. Una mujer negra, antigua colaboradora de campaña y asesora en el primer año de la presidencia, a la que Donald Trump ha calificado de “perra” (un insulto especialmente sensible en un país en el que los afroamericanos han sido históricamente tratados como tales). Unas grabaciones realizadas en secreto en el interior de la Casa Blanca, por ahora no demasiado comprometedoras para el presidente estadounidense… pero sobre las que la autora asegura tener material explosivo. Y la publicación de un libro de memorias bajo el provocador título de “Unhinged” (‘Trastornado’), en las que la ex empleada de Trump le acusa de ser un racista y un desequilibrado.

Hasta ahora, Omarosa había sido calificada por Trump de “escoria”, una mujer “chiflada”, “desagradable”, “despiadada”… ¿Cómo es posible entonces que el presidente contratara como asesora y directora de comunicación de la Oficina de Enlace Público de la Casa Blanca a alguien así? Máxime cuando la conoce desde hace 15 años. Para muchos, porque era su forma de cubrir el expediente de altos cargos de piel negra de su gobierno. Aparentemente, por pura vanidad: “Porque ella solo decía cosas buenas sobre mí”, confesó Trump en un tuit.

Donald Trump, inmerso ahora en su enésima batalla de gruesos descalificativos contra quien ose afear su imagen triunfal, escribió que es “no es presidencial” enfrentarse a una “escoria como Omarosa”, pero se justificó apuntando que los “Fake News Media” intentarían legitimarla. Una insólita reflexión de Trump, porque no consta que hasta ahora se hubiera planteado lo poco presidencial que resulta el aluvión de insultos que acumula en poco más de un año y medio de presidencia, ni el riesgo que implica que un presidente señale en según qué términos a algunos de sus conciudadanos. Y más cuando, como señaló la propia Omarosa, Trump es un “líder de culto”.

¿Qué hace que esta mujer, nacida en Ohio en 1974, se haya convertido en una de las dianas predilectas del presidente este verano? Siguiendo la lógica ‘trumpiana’, que ha dejado de adularle. No solo no dice cosas buenas, sino que Omarosa dice cosas muy malas de él en su libro, que ha salido a la venta este martes en Estados Unidos. La antigua asesora describe a Trump como alguien racista, misógino, narcisista, con escaso autocontrol y problemas mentales, que “ama el odio”, “se crece con las críticas y los insultos” y “disfruta con el caos y la confusión”. Nada que no pueda intuir cualquier ciudadano que siga las andanzas del presidente y nada nuevo en el panorama literario de Estados Unidos, donde se han publicado ya varios libros de este corte. Pero, ¿hay alguna razón más que la vanidad de Trump para explicar una reacción tan furibunda?

“No puedo garantizar que no exista”
Están las grabaciones. Sí, de nuevo alguien cercano a Trump aparece con grabaciones. De hecho, el propio presidente tenía fama de grabar sus conversaciones en su época de magnate de la construcción. “Debía protegerse de las alegaciones que surgirían, tanto personales como de negocios”, justificó Sam Nunberg, uno de sus antiguos asesores de campaña. Eso mismo debía de pensar el antiguo abogado de Donald Trump, Michael Cohen, que grababa las conversaciones con su cliente, tal y como se desveló hace unas semanas cuando se hizo pública una en la que se les escucha discutir sobre el pago para acallar a una antigua modelo con la que presuntamente Trump había mantenido relaciones. Incluso el presidente llegó a sugerir, para luego desmentir, que tenía grabada su charla en la Casa Blanca con el ex-director del FBI, James Comey, que había afirmado que Trump le presionó que acabara con la investigación abierta sobre su antiguo asesor de Seguridad Nacional, Michael T. Flynn. “¡Espero que las haya!”, celebró Comey.

Lo que resulta especialmente llamativo en el caso de las grabaciones de Omarosa es que dice que fueron realizadas en el interior de la Casa Blanca. Este fin de semana hizo pública la primera de ellas, registrada, dice, en la Sala de Crisis de la residencia presidencial, donde está prohibido grabar [y donde, por ejemplo, se hizo la famosa foto de Obama siguiendo la operación que acabó con la muerte de Osama Bin Laden]. Se trata de su propio despido. En el audio se escucha la voz de John Kelly. “En los últimos meses me ha llamado la atención que se han producido, en mi opinión, algunos problemas de integridad relacionados contigo” [Omarosa llegó a organizar una sesión de fotos de boda en la Casa Blanca]. El jefe de gabinete añade posteriormente lo que Omarosa ha calificado como de una “amenaza”. Kelly le ofrece una “salida amistosa” para que en el futuro ella no enfrente “algún tipo de dificultad relacionada con tu reputación”. En la segunda grabación, se escucha al presidente Trump mostrando su desagrado por el despido. “Nadie me dijo nada. No me gusta nada que te vayas”.

Una tercera cinta, hecha pública ayer, muestra a tres asistentes de campaña discutiendo cómo iban a manejar la situación si se hacía público un vídeo en el que Trump supuestamente utilizaba la palabra “nigger” (“negrata”), considerada el peor insulto posible para un afroamericano. Omarosa, de hecho, afirma que el magnate la utilizaba continuamente durante su época en ‘The Apprentice’. Esta última filtración parece una jugada calculada para apuntalar las credenciales de la ex asesora: el episodio había sido desmentido por los participantes en la conversación tras haber sido descrito en su libro… pero ha resultado ser cierto. Ayer, al ser preguntada si podía asegurar que no existía dicha grabación, la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, alimentó la polémica al responder: “No puedo garantizar nada”.