Cañonazos para tapar la boca

Javier Corral, gobernador de Chihuahua. Foto: web.
6 febrero 2018 | 8:57 hrs | Palabras Claras | Estatal

Por José Antonio Flores Vargas

 

Del mismo modo como en este sorprendente y electoral año, desde hace algunos siglos el norte del país es el que ha definido la vida política en México. En el discurso de apertura del Congreso Constituyente, el lejano uno de diciembre de 1916, Venustiano Carranza, Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, reconocía y alertaba lo siguiente:

“…la soberanía nacional, que reside en el pueblo, no expresa ni ha significado en México una realidad, sino en poquísimas ocasiones, pues si no siempre, sí casi de una manera rara vez interrumpida, el Poder público se ha ejercido, no por el mandato libremente conferido por la voluntad de la nación, manifestada en la forma que la ley señala, sino por imposiciones de los que han tenido en sus manos la fuerza pública para investirse a sí mismos o investir a personas designadas por ellos, con el carácter de representantes del pueblo.”

“Igualmente, ha sido hasta hoy una promesa vana el precepto que consagra la federación de los estados que forman la Republica Mexicana, estableciendo que ellos deben de ser libres y soberanos en cuanto a su régimen interior, ya que la historia del país demuestra que, por regla general y salvo raras ocasiones, esa soberanía no ha sido más que nominal, porque ha sido el Poder central el que siempre ha impuesto su voluntad, limitándose las autoridades de cada Estado a ser los instrumentos ejecutores de las órdenes emanadas de aquél. … ha sido también vana la promesa de la Constitución de 1857, relativa a asegurar a los Estados la forma republicana, representativa y popular, pues a la sombra de este principio, que también es fundamental en el sistema de gobierno federal adoptado para la nación entera, los poderes del centro se han ingerido en la administración interior de un Estado cuando sus gobernantes no han sido dóciles a las órdenes de aquellos, o sólo se ha dejado que en cada Entidad federativa se entronice un verdadero cacicazgo, que no otra cosa ha sido, casi invariablemente, la llamada administración de los gobernadores que ha visto la nación desfilar en aquéllas.”

Y esas consideraciones, expuestas una centuria antes, reviven en estos días, en que se conmemora a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Y reaparecen, justamente cuando acaba de ocurrir un hecho que también nos recuerda a Álvaro Obregón, un expresidente nacido en Sonora, famoso por acuñar una célebre frase relacionada con los cañonazos monetarios.

El tema sale a colación a raíz de un encomiable esfuerzo del sistema político nacional por limpiar sin huella alguna, un ríspido incidente donde el poder, la corrupción y el chantaje enlodaron una vez más la débil credibilidad nacional en los políticos mexicanos y en sus autoridades. Todo ocurrió en las últimas semanas, en medio de las alianzas políticas y contrapesos enfocados a la lucha por la presidencia de la república, cuya fecha fatal es el primero de julio próximo. Y en esto tienen que ver varios personajes del norte.

Primero, en Chihuahua aparece un incidente local de corrupción y petición de extradición del exgobernador César Duarte. Después, la Fiscalía de ese estado detiene por uso político de 250 millones de pesos a Alejandro Gutiérrez, un importante operador priista de Manlio Fabio Beltrones. Luego, el gobernador Javier Corral -afín al candidato presidencial Ricardo Anaya- hace una publicitada marcha a la capital del país, exigiendo el pago de recursos a la SHCP. Enseguida aparece en medios nacionales la enésima tranza descubierta a Anaya con una fundación. Por último, en negociaciones con el secretario de Gobernación, éste ofrece una aportación de 900 millones de pesos al hábil Corral y a su Tesorería y la ayuda para extraditar al corrupto Duarte.

¿Alguien puede negar que todo este pleito de habilidades políticas-financieras-electorales entre el estado de Chihuahua y el Gobierno Federal, y entre el panismo y el priismo, están recordando las certeras palabras de El Varón de Cuatro Ciénegas y también la recurrida frase del ambicioso Álvaro Obregón?

Nadie, ni Corral (ni Anaya) aguanta un cañonazo de 900 millones. Y la estabilidad de Beltrones, del priismo y del presidente Peña Nieto lo agradecerán siempre. Mientras tanto, los conceptos de Carranza, el espíritu de la Carta Magna, el federalismo, la justicia y el progreso de México, pueden esperar otros cien años, o más.