Cae César Del Ángel. Un Facineroso

30 enero 2017 | 11:18 hrs | Jorge Miguel Ramírez Pérez

No, no es un enemigo político de nadie, César Del Ángel sencillamente es un vividor de la política. No es un político hay que diferenciar por más que el término esté desacreditado, es un sujeto de bajos instintos que los evidencia ante el menor examen.

En personaje sin ideas, sin una mínima noción de la moral; que se asocia a otros iguales que él, que fijan sus objetivos para que los ciudadanos sean víctimas del terrorismo sicológico que desatan mediante los escándalos de odio social, de resentimiento, hasta grados de perturbación agresiva, hacia los que no festejan sus ofensas que casi siempre quedan impunes.

Éste sujeto que fue detenido por mandar agredir a políticos con la intención incluso de causarles daños mayores, no es una cosa menor. Lo vimos todos en los videos que se difundieron, donde sus esbirros lanzaron piedras descomunales contra personas desarmadas que ejercitaban, ellos sí, una acción política legítima.

Ahora el viejo líder se quiere disfrazar de luchador social, cuando tiene un historial especializado en vejar a los veracruzanos,  exhibiendo a seres humanos como si fueran animales, haciéndolos desnudarse públicamente, faltándoles al respeto a mujeres y hombres, que por presiones, dinero o engaños se ven obligados a despojarse de su integridad.

Esa “acción política” del grupo de Del Ángel es una forma de denostar a Veracruz ante todos los que se exhiben. Es una burla a la raza mexicana que muestra regresiones históricas sin precedentes, porque ninguna persona, ningún villano de la historia de México se ha atrevido a que la gente que lo sigue, atente contra su vergüenza natural, de la forma que el vividor lo hace.

La dignidad humana también de los que se ven forzados a mirar la pobreza moral del espectáculo es muy ofensiva y debía ser la detención del tipo sucio, una causa suficiente para que los líderes morales y religiosos de Veracruz se congratulen, de un mínimo de justicia y respeto no solo a menores o mujeres, sino a todos los que tienen una capacidad para discernir lo elemental de la vida humana y su valor, y que con esa conducta  propia de salvajes han sido denigrados.

Los antecedentes de Del Ángel son asquerosos, invasiones de propiedades, arreglos inconfesables con exgobernadores y  líderes corruptos; matanzas de campesinos, promovidos por el poder autoritario y asesino, como fue la matanza de copreros en Guerrero, que él provocó en los años sesenta, sirviendo los intereses de la vieja policía política con fines exclusivamente sangrientos.

Ojalá este tipo de facinerosos no sigan en la impunidad y los secuaces que se mostraron ebrios de una violencia azuzada sean detenidos, para que paguen lo que hacen, de lo que presumen y se burlan; y que no es otra cosa que acercar al hombre del siglo XXI a las cavernas, de donde los tipos como ellos, estarían en el mejor de los mundos posible.