Buenos Aires (día tres)

4 abril 2016 | 11:17 hrs | | Gilberto Haaz Diez

Por Gilberto Haaz Diez

*Nadie se da cuenta de lo hermoso que es viajar hasta que vuelve a casa y descansa sobre su almohada vieja y conocida”.
Camelot

 

Es de mañana, contra las tres horas adelante que México, me levanto mientras ustedes duermen. Hace calor, 27 grados promedio estos días, y el fin que partimos para Calafate, al frio quizá de tres grados bajo cero, a los Glaciares, a ver aquel afamado Perito Moreno, nombre dado porque un tal Francisco Moreno, que era perito y en una disputa entre Argentina y Chile dio su fallo a favor de los ches y de allí le rindieron homenaje eterno. Salimos después del desayuno al Turibus, se alquila por 350 pesos argentinos cada uno, y a recorrer los barrios que se pueda, algunos de los 48 de que gozan de fama. Hoy nos amanecimos conque por aquí por la zona donde pernocto, Puerto Madero, hubo un muerto, asesinaron a un cerrajero y es la hora que las noticias no paran, lo mismo del diario El Clarín, que de las televisoras. Un muerto. Para Ripley, si vivieran en México no terminarían de contarlos, en México deben ser asesinados uno, pero cada quince minutos, el hampa y la delincuencia organizada no descansan. En cualquier parte del país, ahora mismo al escribir estas líneas a las dos de la madrugada, tiempo de Sudamérica, me llegan whatsapp que hay balazos y temor en Orizaba. Tan tranquila que era, tan como se ha descompuesto por estos grupos que quieren tomar la plaza. Hacemos la tour en un par de horas, el chófer nos lleva por doquier, barrio tras barrio, de Galerías del Pacifico a Monserrat, a Barracas, al de Boca, donde se ve el estadio mítico del Boca Juniors, aquí los duelos Boca-River son de antología. No hay juego, andamos a media semana, pero imprimimos las fotos desde lo alto del turibus. Cada 20 minutos hace una parada, recoge y bajan pasaje, como en todos los autobuses de turismo, los audífonos al lado, el narrador va informando tal o cual cosa, cruzo por el edificio donde se mantiene la efigie de Eva Perón (17 de mayo de 1919 – Buenos Aires, 26 de julio de 1952),  muerta de un cáncer, la madre de los descamisados, la esposa del general Juan Domingo Perón, Jefa Espiritual de la Nación, que al morir su funeral fue de Jefa de Estado, me dijo un lector facebookero, cosa que se agradece, que de un lado de la efigie que por la noche se ilumina en neón, está la Eva Perón de los ricos y del otro la de los pobres, de sus pobres. La mejor biografía de Eva Perón la escribió el argentino Tomas Eloy Martínez (Santa Evita, 10 millones de copias) la leí hace muchos años y sé su vida y sé todos los pormenores y misterios de su cuerpo insepulto, que los militares temerosos de que hubiera un golpe de estado, lo escondieron por años, su cuerpo fue embalsamado y ubicado en la Confederación General de los Trabajadores, hagan de cuenta la CTM nuestra. La dictadura cívico-militar autodenominada Revolución Libertadora secuestró y profanó su cadáver en 1955, ocultándolo durante dieciséis años. Cuenta la historia que un militar que la guardaba, la violó muerta y al final de su vida enloqueció. Allí pasamos a su lado, de esa efigie luminosa que en la noche prende. Hace unos años que vine visité su tumba en el Cementerio La Recoleta. Es sencilla, múltiples placas de quienes la amaban y adoraban. Flores que aún le dejan algunos de quienes la recuerdan. Y en esa tumba no dejé una rosa, pero si hice una oración por ella. Fue una mujer de su tiempo, heroína, maldecida y envidiada por algunos, con la cantante Libertad Lamarque aseguran que Eva le dio una bofetada, pero muy amada por cientos y miles de argentinos. Tres años anduvo escondida por los militares golpistas, que de Milán la enviaron a Madrid y, cuando su esposo, el General Perón, la vio tendida, dijo: “No está muerta, solo está dormida”. En el show del Señor Tango, una visita y parada obligada para oír y ver a los artistas en su tango en la máxima expresión, al final los actores cierran el show cuando le entonan aquel Don’t Cry for me Argentina, de Lloyd Webber, que se volvió mundialmente famosa cantada y actuada por Madonna, para el cine, teatro y quizá para la historia, porque la historia no deja de contar cosas de ellas, de esa mujer que comenzó siendo incipiente actriz y terminó en la historia y memoria de los argentinos, que le lloran y la recuerdan, aun.

 

EL SEÑOR TANGO 
Salimos del show. El mismo taxista que nos llevó a ese evento, de 150 dólares por persona, con cena, bife o pasta, transporte y unos tragos, nos recoge. Ya porta su cartel número 4. Van por ti al hotel y te devuelven, o puedes llegar con o sin reservación. En taxi, como te acomodes. Normalmente hay que reservar. El sitio del Señor Tango es un sitio sin igual. Quien viene a Buenos Aires lo ve. Hay foto galerías desde Luis Miguel, que es amigo del cantante dueño, hasta los más grandes artistas de Hollywood. A la entrada, un homenaje a Gardel con un busto y otro a Borges, el bienletrado argentino. Me tomo foto con esa figura de museo de cera. Venden los cds, los tangos en su esplendor. Es un show que ahora no está a reventar, pero tiene casi medio salón lleno, considerando que los fines de semana se atasca. Comienza el show con un par de pamperos, un indio montado a caballo y otro pampero que sobrevivió. Argentina es uno de los pocos países del mundo, donde a los indígenas los borraron del mapa, como los gringos, y abundan los apellidos italianos, usted vaya a un panteón argentino y al ver los apellidos pensará que está en Italia, o si no, fíjese en los apellidos de los futbolistas, ninguno autóctono, la mayoría italianos, de allí su descendencia. Los Mapuches argentinos fueron exterminados, borrados del mapa por el general Julio Roca, en la llamada Guerra del Desierto. Saben qué ocurría, España tenía colonizados estos pueblos, como tenía a los mexicanos al grito de guerra. Cuando España se fue, por la razón que haya sido, se atragantaron de esa libertad y este general, que aquí le tienen estatua, no dejó uno sobre la faz de la tierra. Igual ocurrió en México, apenas se fueron los españoles y llegaron los gringos a quitarnos la mitad del territorio, el caso Santa Ana y el habilón de Sam Houston, que era peor que Donald Trump, pero esa es  otra historia.

 

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