Buenos Aires (día dos)

1 abril 2016 | 12:48 hrs |

Por Gilberto Haaz Diez

*De Kamalucas: “Viajar sirve para ajustar la imaginación a la realidad, y para ver las cosas como son en vez de pensar cómo serán”.
Camelot.

Despegamos. Hay poco ajetreo en el aeropuerto de México. Llegan cuatro aviones antes, lo que hace al piloto aguantar al lado de la pista. Nos elevamos, son las once de la noche, es vuelo nocturno de 8 horas y media. La ciudad es impresionante por sus luces, desde el cielo brilla, solo la supera Las Vegas, donde sólo la casa gana y la gente nunca duerme, no duermen porque estos guarros, para tenerlos jugando y despojarlos de su lana, le ponen oxígeno a los sistemas de ventilación y eso hace que anden mas despiertos que Codesal, cuando Kuri le dio dos jalones, como queriendo pelear. Enrutamos vía Guatemala, Lima, en Perú, bordearemos Santiago de Chile y cruzaremos la Cordillera de los Andes, al amanecer estaremos en Buenos Aires, con buen viento de cola. Poca turbulencia, el piloto anunció alguna en el trayecto de la primera hora y media de vuelo. Habrá tiempo caluroso, 26 grados y bajo cero mas adelantito, en Calafate, adonde pretendemos ir para llegar al Glaciar Perito Moreno, una maravilla del mundo que National Geographic cuida y protege. Un peso argentino contra 14 dólares, más o menos su paridad. Llego y mañana les cuento el movimiento del aeropuerto Ezeiza, nombre raro, un aeropuerto considerado muy difícil para el aterrizaje, la ciudad tiene dos aeropuertos, este es el más grande y conocido, allí donde apenas llegó Papá Obama en el Air Force One y, después de bailar un tango se fue a Bariloche, encantando a los argentinos como encantó a los cubanos, menos al barbón Fidel que, en los estertores de la muerte, aún le soltó un llegue al americano, que Cuba no los necesita, ninguna ayuda, la verdad es que chochea. Hizo bien Obama en no verle. El pueblo es el que disfrutó al presidente y a sus satánicas majestades, los megarucos Rolling Stones, pero esa es otra historia. Bajo del avión, tomo el túnel, el gusano, hace calor, 26 grados, hay humedad, es el otoño de ellos, la primavera nuestra. Cuando aquí es invierno en México es verano, por qué, se lo pregunté a Goggle, que todo lo sabe: ‘es porque México está en el hemisferio norte y la Argentina está en el hemisferio sur, es decir el hemisferio contrario, como la tierra esta inclinada cuando el hemisferio norte esta mas cerca del sol, recibe rayos solares de forma más intensa y es verano, contrariamente sucedería en el sur que estaría mas alejado por lo tanto haría frio.

 

EL CAMBIO DE MONEDA
Llego a un mostrador, alquilo un taxi, unos 40 dólares de Ezeiza al centro argentino. Hay tres horas de diferencia. Adelantadas. El taxista, platicador, pronostica que lloverá, vio bajar el avión de Obama y nos presume de ello. De la seguridad del Servicio Secreto. Aquí no quieren a Messi, un maletero lo critica mientras acarrea maletas. Es un Dios, pero no es su Dios. Messi nunca jugó aquí, de chico lo llevaron a La Masía de Barcelona y es mas culé que che. Le pregunto de su nuevo presidente Macri y de la ex Kirchner, expresidenta que fue desalojada de esa Casa Rosada, allí donde Evita Perón, en uno de sus balcones arengaba y gritaba a los argentinos no llorar por ella, en ese sitio que es casa de gobierno y donde se asienta el presidente de la República, y donde las Madres de la Plaza de Mayo, desde los tiempos de la dictadura. Recorren los domingos en busca de sus hijos o esposo o familiares desaparecidos. Esos terribles años que proliferaron porque los Estados Unidos voltearon a otro lado, mientras estos milicos se dieron gusto liquidando y torturando gente. Aquí, en Chile, en Uruguay, en Brasil, en Paraguay, eran una caterva de asesinos con uniforme militar. El taxista no sabe de eso, está joven. No nacía cuando eso ocurrió, circulamos por la Plaza de Mayo, ver su Obelisco, vamos a Puerto Madero, uno de los 48 barrios de Buenos Aires, la zona de Polanco defeña, donde era un puerto que entraban barcos a descargar contenedores y hace años fue transformándose en una zona de departamentos, tiendas comerciales, plazas, pisos de millones de dólares donde, se asegura que los entrenadores mexicanos, Lavolpe y Romano, allí guardan uno cuando vienen de México a vacacionar. Se habla también de otra funcionaria veracruzana, a la que le gustó el tango. Llego al hotel, debo tener cuidado al caminar, estos son unos salvajes, si te atraviesas sin el control del semáforo se nota que aceleran. Ignoro cuántos atropellados habrá, pero hay que andar a las vivas. Al Hotel Regal Pacific, 5 estrellas, cerca de la calle Florida y casi esquina con la otra muy comercial, Córdova. Pasa la mañana, desempacamos y a comer. Escogí uno viejo conocido, hace algunos años que aquí estuve y comí en Las Lilas, la llamada Cabaña Las Lilas, (nada que ver con Lila de Arce, ese es médico y fue secretario de Salud), al pie del puerto se ven las barcazas que sirven para dar los paseos turísticos. Sitio añejo, de hace años, uno de los mejores donde las carnes y los bifes argentinos de chorizo y los medallones de lomo, subliman. También cuando llega la cuenta. Esta gente le dio de comer a los ejércitos en las Segunda Guerra Mundial, la carne de Argentina ayudó a que los soldados aliados ganaran esa guerra atroz, terrible. Terminamos, pagamos la cuenta y caminamos entre sus áreas al lado de los buques turísticos, a dos cuadras el Puente de la Mujer, del español Santiago Calatrava, el valenciano que ha ganado todos los premios de arquitectura y que en el mundo deja su huella con estos tipos de puentes atirantados. Este no es muy viejo, en 2001 apenas lo entregaron a la ciudad, a ese barrio de Puerto Madero donde se convirtió en un icono, muy peatonal, el arquitecto intentó que se viera como una pareja bailando tango, uno ve a las parejas hacerse sus selfies, tomarse las fotos de esas grandes obras de Calatrava. No llovió, como presagiaba el taxista hablantín, los taxistas son los mejores pregoneros de las ciudades. Había que irse, tomar un taxi donde aquí solo se pueden subir cuatro personas, ni una mas por ordenamiento de la ciudad y porque los seguros no pagan si hay accidentes donde haya más de cuatro pasajeros. O sea, a rentar tres porque uno viene en familia. Pero Cést la vie, diría Carlos Lartigue, un orizabeño afrancesado que vivió en Bruselas y en Francia y ahora vive en San Francisco. Mañana les cuento un poco más.

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