Buenos Aires (día cuatro)

8 abril 2016 | 13:03 hrs |

Por Gilberto Haaz Diez

*No viajamos para escaparnos de la vida, sino para que la vida no se nos escape.
Camelot

Discuten en Argentina de los críticos 100 días del presidente Macri. Todos se quejan, él prometió que para julio la inflación la detenía, andan por el 19 por ciento y del aumento en índice de precios entre 3.4 y 4.5. Duplicó el precio del pasaje y hay plantones y descontentos por doquier. Platico con dos meseros, uno que es paisano, de Guadalajara, es una ciudad cara para vivir y los argentinos dan pocas propinas, se queja. Otra de un restaurante donde comimos, en Puerto Madero, uno llamado Mirasol, Campo y Mar, ella argentina y empleada de la puerta, me dice que el salario es de 6000 pesos argentinos, pero le duplicaron los pasajes y ahora, de 2 se fue a 4 pesos, una vivienda que comparte con una amiga, les cuesta cinco mil pesos, pero hay algunos que toman, como en nuestro país, dos autobuses para llegar. Macri dice que combate el populismo, y en estos 100 días le ha llovido. Su Congreso ya le autorizó para esos llamados créditos buitres, y Papá Obama vino con la chequera en la mano, para liberarle 1 mil 500 millones de dólares. Un refresco vale 29 y un café 33 pesos. Comida, como uno quiera buscarle, las hay desde las económicas hasta las encumbradas.

 

EN LA CALLE FLORIDA
Llego a la calle Florida. Quienes han venido a Buenos Aires la conocen. Voy a Wikipedia:   La calle Florida es una peatonal de la Ciudad de Buenos Aires que comienza en la Avenida Rivadavia y termina en la Plaza General San Martín. Es reconocida como la calle comercial más importante de la Argentina. Su continuación al sur de la Avenida Rivadavia es la calle Perú. En 1913 se convirtió en la primera calle peatonal de la ciudad en algunos tramos, al prohibirse el tránsito entre las 11 y las 21 horas, y el 1 de julio de 1971 se la transformó en peatonal en toda su extensión, salvo los aproximadamente 100 m que se recuestan sobre la mencionada Plaza San Martín. Es como la Madero orizabeña, pero a lo bestia, o como alguna de Plaza Sol en Madrid, que son peatonales, El Carmen, por ejemplo. Independencia de Veracruz aún no, porque circula tráfico y Poo no se atreve a cerrarla. Aquí nadie pasa, solo peatones. Tiene en la esquina de la calle Córdova su Galería Pacifico, un Mall como los gringos o europeos. La camino, cruzo hasta la calle Corrientes, paso el 348, como el tango, segundo piso ascensor, ahí la tienen como reliquia ese número del tango. Hay tiendas de todo, perfumes, maletas, ropa de Zara de Amancio Ortega y todas las marcas deportivas, Nike, Adidas, tiendas donde proliferan los uniformes de la selección argentina, con Messi, al que no terminan  de entender ni querer. Un mesero me dio sus razones, lo comparan con Maradona y le echan en cara que no ha ganado ningún Mundial, y que en la final pasada frente a los alemanes, se achicó. Les digo lo que sé, que Messi se fue de chico, once años,  y los de Barcelona lo sienten más de ellos que los pibes. Y una prueba de su comportamiento ahora es que los seis puntos de clasificación, sin Messi quien sabe si lo hubieran logrado. Entonces se callan. Llego a la esquina de Florida y Córdova. Hay un café. Un saxofonista, músico urbano toca una de Frank Sinatra, Someday. Me siento y pido un café. Son las 12am, la gente camina sin cesar, ríos humanos y bellas chicas argentinas. Afina su saxofón y comienza su recital, le doy su propina, agradece. Pido al mesero me tome una foto y él saxofonista posa, como si la tocara para quien esto escribe, Fly me to the Moon, otra de Sinatra. Oferta y vende sus cds, le compro uno, es jazzista y me dijo que algún día conoció Baja California, México. Pantalón blanco, como pachuco, zapatos blancos, camisa floreada, como de Miami, gorra de marinero, hace que la gente se detenga y llama la atención de muchos niños, cuyos padres les dan billetes y los echan a una gorra. En Argentina no hay monedas. No me han tocado cinco, casi ninguna. Pregunto, dicen que escasean y cierran las cantidades para no comerciar con monedas. Su billete de 100 pesos trae la efigie de Eva Perón. Su madre, la mujer que más aman y amaron. Pregunto cómo le llaman aquí a los baños, en España son aseos, en Estados Unidos WC y en México baños.  Tienen otra acepción, Biorsi, así, que es un retrete o un baño. Se aprende viajando, alguna vez Luis Gutiérrez Príncipe, argentinófilo me contó que aquí, después que les das las gracias, responden ‘No, por favor’, es cierto, ahora lo noto. Camino a la Casa Rosada, la sede del presidente, allí donde está el balcón de Eva Perón y ahora, desde 2001 tienen cerrado todo porque les ha dado por andar queriendo tomar palacio, y frente las Madres de la Plaza de Mayo, que viven por descubrir dónde la dictadura militar enterró o desapareció a sus hijos, escena como los 26 mil que en México nunca han aparecido. La Casa Rosada es así porque la piedra es rosada, de cantera, por la tarde noche se ve excelente, tomo unas fotos, poso en una. El presidente Macri anda por el mundo, nos toca que salgan los cadetes a arriar la bandera, a las 7 de la noche. La vemos, bandera chica, nada que ver con la gigantesca nuestra de la Plaza de la Constitución, termina el acto y a caminar el regreso. Tienen su Metro pero no llega a todos lados. En eso recibo llamada, Pepe Ramírez me comunica a un querido amigo, el Obispo Marcelino Hernández Rodríguez, que un día logró un fichaje como el de Messi y lo convirtieron en Obispo de Colima, dejándonos en el desamparo y orfandad. Comían en Veracruz con Tavo Rodríguez Pasquel y el Vale Lamoglia, me la perdí, pero quedé con el Obispo de verlo cuando pudiera. Otra llamada, ahora de Jesús Corichi, el publirrelacionista jalapeño por excelencia, me comunica a Juan Octavio Pavón, quien dejó la Coordinación de Comunicación Social del gobierno de Javier Duarte y regresa el Muñeco Silva. Juan Octavio trabajó como pudo, con lealtad a su jefe el gobernador, es un tipo decente, responsable, jamás una mala palabra, jamás una mala acción, quedé de buscarlo a mi regreso y comer con él, en esa Xalapa que tiene una araucaria del gran Sebastián, mientras entono otro tango.

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