Bermúdez “hunde” a Duarte

19 abril 2017 | 17:51 hrs | Carlos Jesús Rodríguez

TAL COMO se esperaba, Javier Duarte de Ochoa no aceptó la extradición sugerida por el honorable tribunal de Guatemala, y en ese sentido decidió esperar a que el Gobierno mexicano formalice la solicitud en un plazo de 60 días, en los que tendrá que argumentar ¿por qué el ex Gobernador de Veracruz debe ser devuelto a México y cuáles son los delitos que le imputan?, para que las autoridades judiciales de aquella Nación definan si procede o no. Mientras tanto, Duarte permanecerá recluido en la prisión de Matamoros hasta que se defina su situación legal, lo que podría llevar hasta un año o más. Lo curioso es que la Procuraduría General de la República, a sabiendas de que este miércoles comparecería ante el tribunal guatemalteco, simple y llanamente no formalizo la mencionada solicitud, lo que habría obviado mucho tiempo. Es como si alguien –o “alguienes”- no desearan que el ex gobernante retornara cuando antes al País, y menos en tiempos electorales.

DUARTE DE Ochoa fue asistido, de último momento, en calidad de asesor –ya que un abogado mexicano no puede actuar por ley en Guatemala-, por el penalista Pablo Campuzano de la Mora, integrante del despacho Zinser, Esponda y Gómez Mont, S.C., el mismo que defiende a la profesora Elba Esther Gordillo.

APENAS EL martes pasado, en una interesante comida a la que asistieron personajes que fungen o han fungido como funcionarios Federales y Estatales de renombre, uno de ellos comentaba al reportero que la aprehensión de Javier Duarte fue atípica, ya que las propias autoridades de aquel País indicaron que aunque sabían de la presencia del ex gobernador veracruzano en aquellas tierras, fue hasta apenas el sábado 15 de este mes cuando recibieron la solicitud de aprehensión con fines de extradición, algo que confirmó el propio ex gobernante cuando señaló que tenía ¡seis meses! Viviendo en Guatemala, lo que, por supuesto, no ignoraba el Gobierno de México que acaso buscó la mejor oportunidad para concretar la aprehensión, aunque sigue dejando cabos sueltos, ya sea adrede o involuntariamente, que impiden que el ex mandatario sea retornado para ser juzgado aquí.

POR LO pronto en la comparecencia o primera audiencia ante el Supremo Tribunal de Guatemala, quedó claro –o le quedó claro a Javier Duarte- que sus amigos eran de mentiritas, pues mientras él aseguró alguna vez que antes de que Arturo Bermúdez renunciara a la Secretaría de Seguridad Pública lo haría él, esa lealtad no se ha visto reflejada en su ex colaborador. Y es que Bermúdez, de acuerdo a la lectura que se dio en la audiencia, fue uno de los que más lo han “empinado”, esto es, de los que más información han aportado en torno a los negocios del ex gobernador, a tal grado que, incluso, fue quien dio pelos y señales de los departamentos del ex mandatario en Veracruz y en la capital del País, concretamente, en Polanco, además de otros bienes por los que se le investiga, incluidas transacciones ilegales con recursos públicos.

DICEN QUE por regla general uno termina por recibir o experimentar el mismo daño que hizo a otros, en pocas palabras, “el que a hierro mata a hierro muere”, según sentencia la frase bíblica atribuida a Mateo, versículo 26:52 contenida en el Nuevo Testamento, juicio que le viene como anillo al dedo al ex Gobernador veracruzano quien no solo utilizó el poder para enriquecerse ilícitamente con recursos que no le pertenecían sino, también, para perseguir, mandar golpear, amenazar, torturar, exhibir e, incluso, presuntamente, ordenar asesinar o desaparecer a quienes le resultaban un estorbo o no se plegaban a sus caprichos. Por ello, observar al otrora orgulloso, soberbio y déspota ex gobernante rasurado casi tipo militar –y no precisamente por costosos estilistas que acostumbraba-, exhibiendo una calvicie o coronilla, sudoroso, obligado a caminar descalzo rumbo a su primera audiencia en otra Nación, debió ser motivo de gran satisfacción para muchos y una “agraviante” humillación para el acusado.

DUARTE, EL hombre que solía rodearse de cercanos colaboradores y aduladores –como el propio Arturo Bermúdez, Erick Lagos, Jorge Carvallo, Adolfo Mota, Alberto Silva y Gabriel Deantes, por solo mencionar algunos-, quienes solían lucir prendas exquisitas, viajar en vehículos blindados y aeronaves privadas que ofendían la miseria de los veracruzanos, ahora está solo, sin amigos ni familiares que lo visiten, sin abogados que le endulcen el oído, sin las caminas cortadas a mano ni las corbatas italianas, y en la audiencia, tampoco, estuvo su “inseparable” esposa, Karime Macías Tubilla –que, aseguran fue el cerebro de la red delictiva en torno al ex gobernante-, la misma que abandonó a sus hijos seis meses para seguir a su hombre, y que ahora, de pronto –aunque se decía lo contrario-, nadie la investiga ni existe proceso en su contra y, por lo tanto, puede retornar a casa, al lado de su arrogante padre conocido como “el tartufo sureño” y de sus hijos y pasearse del preocupación alguna.

COMO FUERA, hay quienes dicen que si el retraso en la formalización de la solicitud se debió, precisamente, a la inclusión de más presuntos delitos que enriquezcan los argumentos para la extradición, entre otros, los señalamientos de desaparición forzada, asesinato de periodistas y un sinfín de hechos que sumieron a Veracruz en la violencia, que bueno que se haya retrasado la presencia de Duarte en México, pero si solo fue para protegerlo –y protegerse algunos-, sería lamentable para la justicia mexicana.

POR LO pronto, en España, concretamente en Cabrils, Barcelona fue detenido el mexicano Javier Nava Soria en base a una orden de aprehensión librada por el Juez de Distrito Especializado con residencia en el reclusorio norte de la Ciudad de México. Se le acusa por la comisión de delitos de operaciones con recursos de procedencia ilícita y delincuencia organizada, y está ligado al proceso que se le sigue a Javier Duarte, y en este caso el gobierno mexicano cuenta con 45 días para formalizar la solicitud de extradición. El detenido está en la lista de quienes habrían colaborado como accionistas, contadores o representantes legales para desviar recursos públicos del Estado e invertirlos mediante firmas fantasma, entre ellos Santa Bartolo Acuña, Miguel Velásquez Nieva, y las hermanas Nadia Isabel y Elia Arzate Peralta, además de Moisés Mansur Cysneiros, Juan José Janeiro Rodríguez y Rafael Gerardo Rosas Bocardo entre otros. A ver qué pasa… OPINA carjesus30@hotmail.com
*Esta es opinión personal del columnista