Bartlett feliz, feliz, feliz

20 diciembre 2019 | 0:00 hrs | Javier Roldán | Columnistas


La insoslayable brevedad

Por Javier Roldán Dávila

En esta transformación, la simulación es la excepción que confirma la regla

Manuel Bartlett Díaz en un personaje formado en las cloacas de la secretaría de Gobernación, justo cuando se dieron las matanzas estudiantiles de 1968 y 1971, tragedia que no lo conmovió en lo absoluto, porque siguió su carrera oficialista, hasta alcanzar la titularidad del palacio de los Covián en 1982.

Durante su gestión se dio el ‘fraude patriótico’ que impidió al panismo gobernar Chihuahua, sus policías políticos estuvieron involucrados en el crimen del periodista Manuel Buendía y la cereza del pastel, fue el fraude que perpetró en 1988.

Como buen simulador, aceptó trabajar al lado Carlos Salinas de Gortari, por arte de magia, de represor pasó a ocupar la silla de José Vasconcelos, para después salir exiliado del salinismo como gobernador de Puebla.

En el 2000 buscó de nuevo la candidatura presidencial del PRI y al no lograrla, sin el mínimo pudor, aceptó una senaduría pluri, posición que repetiría por el PT en el 2012.

Los señalamientos en su contra hablan de un crecimiento exponencial de la fortuna de su mujer y de su hijo a partir de que fue gobernador, asunto que ocultó en su declaración patrimonial y del cual fue exonerado…por tanto, la pregunta obvia es: ¿qué le debe el presidente López Obrador a este siniestro ícono del autoritarismo?

Esta es opinión personal del columnista