Barcelona y su referéndum

3 octubre 2017 | 11:10 hrs | Gilberto Haaz Diez

*De Raúl del Pozo: “No suenan los tambores, pero ya han empezado a tremolar las banderas. No los estandartes, gallardetes y pendones de Flandes o de la Auracana, sino las de unos españoles contra otros. Los enemigos vuelven a ser los hermanos, vuelve el sabor del miedo”. Camelot

He estado unas tres veces en Barcelona. Pueblo grandioso. He visto lo que se puede ver, y he estado esas tres veces en su estadio Camp Nou, donde una vez, un agosto de 2005, hace 12 años, vi debutar a un pequeño, diminuto y chaparrito y travieso jugador de futbol, llamado Leonel Messi, que se convertiría en su gloria, en su icono, un argentino que tiene la magia a sus pies y ser el mejor del mundo. Ciudad que rivaliza con Madrid, por ser las dos mejores del planeta de Clark Kent. Cada una tiene su encanto. La primera vez que la visité, tomé su Metro y anduve del tingo al tango. Tienen años que quieren independizarse, y el Temblor de México no nos ha permitido escribir de esos líos que allí traen ahora. EL 1-0, como le llaman al primero de octubre, van a votar si logran un referéndum y se independizan de España y se vuelven territorio libre de Europa. Tienen en contra a toda España, o buena parte de ella, y siempre que uno va a esa ciudad, que tiene al Barcelona y a Messi, y tiene a la Sagrada Familia de Gaudí, obra que siempre está en reparación, y la Pedrera; tiene, además, los museos Picasso y la Fundación Joan Miró y la famosísima Las Ramblas (catalán Les Rambles), lugar donde fue el doloroso atentado terrorista, que les costó la vida a muchos inocentes. Uno puede caminar las Ramblas y comer en sus restaurantes aledaños, parar en los kioscos y ver sus diarios, donde sobresale La Vanguardia, ver a sus músicos urbanos y a los mimos que se ganan la vida por una propina de euros. Muchas cosas por hacer. En ese Mediterráneo que, como cantaba Serrat: “Qué le voy a hacer, si yo nací en el Mediterráneo”. Tienen su idioma catalán, un idioma champurrado de francés, algo de español y, como un día le pregunté a un taxista contrario a sus independientes, qué idioma hablaban, me dijo que hablaban como ‘palurdos’, como se hablaba en los pueblos indómitos de campesinos.

 LIGADOS A ESPAÑA

 Están ligados a España, pero ya no quieren estarlo. Sus autoridades ahora confrontan un lio grande con la de España y les están aplicando la ley, confiscándoles sitios donde irían a votar y esperando ese día primero de octubre (1-O), cuando venga la madre de todas las batallas o de los referéndums y aprehensiones. Cuando se llega a un restaurante, los menús son en su idioma. Solo que les pidas en español, te lo llevan. Hay una división, no se sabe cuántos quieren irse y cuántos quedarse. Si visitas la ciudad, sus balcones están con banderas desiguales, por un lado la de España, que no quieren irse, y por otro la de Catalunya, que quieren irse. La Comunidad Europea ha dicho que si se van, no serán aceptados como país, y el Barcelona no tendría liga donde jugar, al menos no la española. Quizá la francesa, para encontrar a Neymar en el PSG. Es ciudad casi país. Hay divisiones, una secesión como la que vivió Estados Unidos en la Guerra que ganó el presidente Lincoln. Aquí sin armas ni balas ni muertes, solo política, mucha política. Esperemos, dijo Kamalucas, un filósofo de mi pueblo.

El domingo funesto. Llegó el domingo y llegó la votación. El gobierno de España les mandó a la Guardia Civil y hubo golpeados y detenidos. La votación se llevó a cabo y vienen cosas más graves. El famoso equipo Barcelona jugó a puerta cerrada, pues había temores, Piqué, el de Shakira, arremetió contra el gobierno de España y dijo, sin temor, que si desean no va a jugar con la selección española, donde lo hace. Gritará el gobierno Catalán su Independencia. Ser un país y no pertenecer a España. Se ignoran los mecanismos, si se les diga a sus empresas que no paguen al gobierno y paguen a una nueva legislación. Mucha confusión. Se aplicarán las leyes constitucionales y tendrán que ir por más detenciones y más líos. Así las cosas, diría Walter Cronkite.

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*Esta es opinión personal del columnista