Aquel temblor del 73 (Orizaba)

9 septiembre 2017 | 12:13 hrs | | Gilberto Haaz Diez

Por Gilberto Haaz Diez

*Del Patrón: “Porque se levantará nación contra nación y reino contra reino, y habrá escaseces de alimento y terremotos en un lugar tras otro. Todas estas cosas son principio de dolores de angustia”. Jesús de Nazareth.
Camelot.

 

Uno enseguida comienza a recordar lo que nos ocurrió en el año 1973, hace 44 años, presente lo tengo yo. Lo rememoro, lo poco que logro acordarme aunque uno guarda las vivencias por siempre en el coco. Voy a Wikipedia: “El terremoto de Veracruz de 1973, también conocido como el terremoto de Orizaba, ha sido el terremoto más fuerte que haya tenido lugar en México, el segundo más mortífero y el decimocuarto más fuerte en la historia que se tenga registro por datos extraoficiales”. Hubo muertos y varios edificios colapsaron, entre ellos el llamado la Packard. Quien esto escribe trabajaba en radio, y ahí le dimos seguimiento, desde la XEOV, Radio Moderna, a lo que se sintió esa madrugada a las 4:52 de un 28 de agosto, cuando en la oscuridad de la noche, en el movimiento sentíamos que las paredes se caían y solo alcanzábamos a pedirle al Señor que nos protegiera. No teníamos las redes sociales ni las comunicaciones de hoy, en el extranjero y en la capital defeña se decía que Orizaba había desaparecido del mapa, que no quedaba piedra tras piedra. En cuanto amaneció comenzamos a recorrer la ciudad, las torres de algunas iglesias, al suelo. Los corresponsales extranjeros y nacionales comenzaban a llegar. Recuerdo al amigo Alfonso Salces Fernández, hoy dueño del afamado diario Notiver, que llegaba con camarógrafo en mano como corresponsal de Jacobo Zabludovsky, de su noticiero 24 Horas, en Televisa, cuando era su casa. Aquel terremoto duró unos 3 minutos y osciló entre 7.5 y 8.6, según dicen. Hablaban de que el epicentro había sido en Ciudad Serdán y otros decían que en Ixtaczoquitlán, ciudad vecina. Se habló de 1200 muertos entre Puebla y Veracruz. El orizabeño Teatro Llave casi se vino abajo. Caminábamos entre escombros, gente que quedó atrapada, con vida, y algunos muertos, eran la imagen de la desolación. Orizaba viviría sus días de luto y asombro. Ese temblor terremoto sacudió las piedras y nos colapsó el sentimiento. Gente conocida, moría. A los dos o tres días llegó el presidente Luis Echeverría. Una mañana apareció por aquí, entró por Nogales y Rio Blanco y el Estado Mayor Presidencial sufría con él, porque siempre fue atrevido, se metía a una iglesia donde había caído la cúpula y su seguridad peleaba para que se protegiera. Vigoroso y fuerte, caminaba al lado de su arriba y adelante. Luego llegó a Palacio de Hierro en Orizaba, el alcalde era el profesor Humberto Gutiérrez Zamora, un hombre bueno, bien querido por el pueblo, conocido como ‘Pata de Leche’, una gente que amaba el basquetbol y los deportes y gobernaba esta ciudad. Un empresario donó un millón de pesos, que al parecer luego se esfumaron. Pero la llegada del presidente alivió un poco el penar.

EL TEMBLOR DE ANOCHE
El temblor de anoche lo vamos a recordar. Sucede que, quien esto escribe, veía la televisión, acababan de pasar los tres noticieros que espío y veía una cinta de Netflix, cuando de pronto mi cabeza comenzó a sentir un movimiento, entre trepidatorio, oscilatorio y joditorio. Me pregunté qué pasaba. Tengo una lámpara que es mi alarma sísmica y cada que algo se mueve, baila y no deja de bailar. Comenzó el traqueteo y como pudimos bajamos a lo despoblado, huirle a los concretos y a todo aquello que se cae, como los expertos nos dicen lo qué hacer. La luz se fue por minutos y por escasos tres aquello se movía. Logró marearnos, eso le ocurrió a mucha gente. Gracias a las redes sociales a comunicarse de inmediato con la familia y amigos. Las líneas se saturan y suelen caer, no había señal de teléfono, pero los WhatsApp estaban en línea, como si nada. La luz se fue, pero a los minutos volvió. Atrapa uno las lámparas portátiles para darse cuenta de que les faltan pilas. Pero la señal televisiva se mantuvo ForoTv llamó a la titular, Denisse Maerker, antes lo hacía López Dóriga, la acuartelaron y desde allí supimos lo que pasaba en el país. Desde Miguel Ángel Yunes, Velasco el de Chiapas, Osorio Chong hasta el presidente Peña Nieto, que se acuarteló en el centro de comando de los auxilios, supimos que el país estaba en calma. Con daños, pero con pocos muertos, la mañana de hoy se supo que habían muerto 30 y 200 estaban heridos. Las clases se suspendían, en Veracruz de por si estamos en alerta contra el huracán o ciclón o como le llamemos. El mexicano es una gente que vive con la vida y con la muerte, y a veces, como dice el poeta, jugamos volados con la muerte, cuando el águila brava de nuestro escudo nos lo permite. Hace un día estuve en Ciudad de México. Me hospedé en un hotel de Reforma en el piso 8. Qué hubiera pasado cuando la alarma sísmica suena, no da tiempo de bajar, porque los elevadores se inutilizan y para cuando bajas los 8 pisos aquello debió terminar, porque los temblores así suelen ser, de escasos minutos que se sienten eternos, porque si fueran de media hora, se cae todo. El Dios de los terremotos quiso no hacernos daño. Los memes brincaron al instante, los mexicanos sacando la chispa de la adversidad. No pasó nada más malo. Del tipo de tamaño, era para que estuviéramos escribiendo de otra cosa, si es que nos dejaba vivos.
Bendito Dios.