AQUEL 22 EN DALLAS, TEXAS

22 noviembre 2016 | 11:35 hrs | Columna | Gilberto Haaz Diez

*La pálida muerte llama con el mismo pie a las chozas de los pobres que a los palacios de los reyes. Horacio  (65 AC-8 AC). Camelot

Por Gilberto Haaz Diez

He ido un par de veces a Dallas (sin albur), allí en Texas, estado derechista y republicano, donde escogieron liquidar a su 35 presidente. Me hice una promesa y la cumplí, al igual que al Cementerio Nacional de Arlington, donde estuve apenas hace unos días de este otoño frío, en la tumba del amado presidente John F. Kennedy, junto a Jacqueline y sus dos hijos, el mayor, John John está sepultado en otro lado. Hoy a 53 años, rememoro el escrito que compartí en 2011 en el mismo sitio donde lo asesinaron a fuego cruzado. De ello solo me faltó ir al hospital Parkland, pero al ver la afamada cinta dirigida por Tom Hanks, conocí la historia de esos entretelones hospitalarios, cuando JFK llegó moribundo, casi muerto. Va la historia:

<Un mesero con su español de Chacaltianguis nos guió por dónde ir a la Plaza Dealey, que estaba a unas cuadras, el sitio donde emboscaron al presidente Kennedy, en las calles Elm y Houston, donde dio vuelta la caravana presidencial y el inútil Servicio Secreto, con un poco de ayuda del FBI del puñal J. Edgar Hoover y la CIA, le aniquilaron. Fuimos a verla cómo se ve de noche. Está igualita que hace 50 años. No le han movido nada, escasamente se ven unas flores que la gente fijó en el pavimento el pasado 22 de noviembre, en memoria de su presidente caído en una emboscada, en una traición, liquidándolo por la espalda como matan los cobardes. A las 10 de la noche hay poco tráfico, la gente en casa guareciéndose del frio. Detenemos el auto y vemos la cerca de madera, donde dicen estaba el otro tirador. Y el almacén de libros a las espaldas, desde el que Lee Harvey Oswald, se presume, disparó. Lo veré mañana con calma y a plena luz y entraré a ese sexto piso del Museo. Por ahora solo una vuelta obligada de quien viene a Dallas.

EN LA PLAZA DEALEY

Escribo un día antes del Thansksgiving Day. Hace frio, la temperatura está a dos grados. Prendemos el GPS, le programamos la Plaza Dealey. En el Downtown, en pleno centro, en las calles Main, Houston y Elm, donde la caravana presidencial llegó, dobló la esquina y sonaron varios balazos que cambiaron el rumbo de la historia. Desde ese día Dallas ya no fue la misma. Siempre hay gente en ese sitio, a cualquier hora. Estacionamos a cuatro cuadras, caminamos cubiertos, chamarra, guantes y bufanda. A poco, exhiben una cabaña de madera de los primeros pobladores, sus pioneros. Nada del otro mundo. Alguna vez vi una en Salt Lake City con los mormones, esos si llegaron al sufrimiento, porque viven siete meses en la nieve y un frio del carajo y solo unos cuantos meses con sol y calor. Frente, una mole de concreto. Es el Memorial al presidente Kennedy. Posamos, las fotos de rigor. Las que lleva uno a su aldea. Las de los recuerdos. Las de ‘I was here’ (ahí estuve). Cientos y cientos buscan el lugar donde falleció Kennedy. Llegamos y vemos todo: el montículo de concreto donde trepó Zapruder y filmó la única película que da cuenta del crimen. Si eso hubiera ocurrido hoy, años después, sobraría evidencia fílmica de los teléfonos celulares de toda la gente. Pero en aquellos años no existían los celulares con foto. Nada teníamos y todo se nos apetecía. Hay americanos con niños. La historia camina entre ellos. En la Plaza Dealey hay una placa en su memoria, se dejan flores. Y fijan banderas pequeñas clavadas en el suelo, hay una inglesa, la muerte del presidente impactó al mundo. El tráfico recorre siempre con cuidado, suele la gente atravesar la calle y retratarse a la mitad de ella, donde pintada una equis da cuenta del sitio que le balearon.

EL SITIO DE LA MUERTE

La cerca de madera está igual, desde allí se sospechó que otro tirador disparó. Cuando los primeros balazos, la policía corre a ese sitio, ya luego lo harían al depósito de libros. Dejamos la calle y nos formamos a comprar un boleto para entrar al Sixth Floor Museum, el museo de ese crimen, operado por JFK.org, el lugar donde Lee Harvey Oswald disparó, según los viejitos de la Comisión Warren. Nos formamos, hay cola larga, por dos razones, cumplió 50 años el crimen y es día feriado, un largo puente de jueves a domingo, el precio ahora es de 14 dólares la entrada. Hay que comprarlo y aguardar para que, dos horas después, se pueda entrar. Coordinan todo en orden. Es lugar no muy grande, exhiben en retratos toda la secuencia del crimen y pasajes de JFK y Jaqueline. La esquina del sexto piso donde Oswald disparó y el rifle que aparece en otro rincón. Testigos mudos de aquella tragedia que enlutó a una nación y al mundo. Exhiben, además, una película del funeral. Y está la cámara de Abraham Zapruder y el teletipo de la Associated Press, que dio la noticia al mundo. No había Internet ni tecnología de primera, como ahora. Dos horas después, bajamos a caminar entre el frio. Un café en un local cercano que cerrará en media hora por las fiestas y porque, al otro día no trabajan. Luego de regreso a un tentempié buscar un sitio donde comer, resguardarse del frio y esperar mañana que es día feriado, su día de guardar, y el juego de los vaqueros de Dallas, el mismo día jueves. Cierro el ciclo de Kennedy. No más Kennedy hasta dentro de otros años.<

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