Aquel 11 de septiembre

11 septiembre 2017 | 11:34 hrs | Gilberto Haaz Diez | Gilberto Haaz Diez

*Solo nos separamos para volvernos a encontrar. Camelot

Cada que puedo y ando por Nueva York, es visita obligada al cementerio donde las Torres Gemelas colapsaron. Donde hubo un antes y un despu√©s, donde la aviaci√≥n y los sistemas de seguridad cambiaron para siempre, porque esos locohones √°rabes fundamentalistas, no solo degollaron tripulaci√≥n y pilotos y pasajeros, se hicieron de las naves para estrellarlas y le crearon al mundo luto y muchas molestias para abordar un vuelo. Ahora te revisan hasta los chones, aro magn√©tico, rayos X, quitarse zapatos, cintur√≥n, todo lo que suene y suene a peligro va para afuera. En las entradas hay una canasta donde van llenado las cosas no permitidas. Fue el atentado m√°s caro y m√°s barato de la historia del terrorismo, apenas y con unos aviones que no eran de ellos y ni siquiera le pusieron el gas avi√≥n, y con unos cuters que no valen un d√≥lar, degollaban gente y fueron a estrellar lo que quisieron. Ese d√≠a de aquella ma√Īana, 5 mil aviones volaban los cielos americanos y fueron bajados todos en menos de media hora. Cada que voy a Nueva York tomo el Metro y paso a ese sitio. Fui en 2012, cuando ol√≠a a muerte y luto y dolor, y el a√Īo pasado, en 2016, cuando cubr√≠ la elecci√≥n de Hillary y Trump y despu√©s de Washington y Filadelfia me brinqu√© a Nueva York, porque estar cerca de all√≠ y no llegar, es como una pena. El a√Īo pasado ya conoc√≠ la nueva Torre, mi hermano Enrique, que ya hab√≠a subido, nos llev√≥ de gu√≠a a Rico y a m√≠ a conocerla. Es impresionante, cuando vas trepando vas viendo en una filmaci√≥n todo lo que dejas abajo, y cuando llegas al cielo entiendes que ningunos locos terroristas van a vencer a la civilizaci√≥n. Van esos relatos de aquellos tiempos.

¬†EN LAS TORRES (A√ĎO 2012)

¬†Nueva York. All√≠ donde ahora construyen las nuevas torres, una de ellas el mes pasado rebas√≥ al Empire State, para que vean que los horadaron y les hicieron da√Īo con aquellos atentados del 11 de septiembre, pero no los doblegaron. Tres mil personas trabajan todos los d√≠as. Obreros y gente de la metalurgia en edificios altos. Frente a la tienda de Century XXI, un almac√©n lleno de compradores mexicanos que en sus cinco pisos ofertan todo. Barat√≠simo. Lleno. Cruzamos la calle. A un lado, en la iglesia St Paul‚Äôs, todo recuerda a aquel d√≠a. Hay un pante√≥n cercano, peque√Īo, data de tumbas de 1786, all√≠ muy seguro los herederos de los Vanderbilts y aquellos barones del dinero est√°n sepultados.

Tumbas tan viejas, que algunas lapidas han perdido el nombre. All√≠ exhiben una foto de aquel d√≠a, papeles y televisiones y vidrios que volaron a ese espacio de jard√≠n aleda√Īo.

Lo que los hace recordar.

Al pie, también, la galería de los heroicos bomberos que perdieron la vida.

Todos. No falta ninguno. Vamos al Memorial, el de las dos piscinas que apenas inaugur√≥ el a√Īo pasado el presidente Obama y el alcalde Bloomberg. No cobran, gratis las entradas. Hay que formarse, esperar que den las dos de la tarde para poder penetrar a ese sitio llamado 9/11 Memorial.

 EL 9/11 MEMORIAL

¬†Es un parque donde se respira quietud. Donde la gente entra en silencio. El sol cae a plomo. Mucha seguridad. Seguir√° siendo por mucho tiempo zona de riesgo. M√°s ahora que las cinco torres se levantan como gigantes de acero y vidrio y concreto. 2,983 hombres, mujeres y ni√Īos fallecieron ese d√≠a, se lee en el folleto informativo. Ahora es parque controlado. Cuando est√©n funcionando todas las torres ser√° parque abierto, sin restricciones. Hay que pasar arcos detectores, como si se estuviera en aeropuerto. Cientos de polic√≠as vigilan. We will not forget (No los olvidaremos), se lee por todos lados. Narran la historia cuando terroristas de Al Qaeda, paisanos de Nemi, tumbaron las torres gemelas. Exhiben fotos de c√≥mo eran los edificios antes de los atentados. El nuevo complejo incluir√° el parque conmemorativo y un museo en construcci√≥n. Espacios para sitios comerciales, la construcci√≥n del World Trade Center uno, ser√° el edificio m√°s alto de los Estados Unidos.

Y hacia el noroeste, en el pabell√≥n del museo se encontrar√° el centro de operaciones de tr√°nsito, dise√Īado por el gran arquitecto espa√Īol, Santiago Calatrava. De fama mundial.

En el parque hay dos piscinas grandes. Nos acercamos. Gente que allí trabaja entregan folletos en tu idioma. Lo sometieron a concurso este parque. 5,201 propuestas de 61 países, y lo ganaron Arad y Walker. El consejo del parque conmemorativo, leo en una placa de la entrada, lo conforman gente de las artes y las letras, desde Robert De Niro y Billy Cristal, hasta el alcalde Bloomberg.

 SUELO SANTIFICADO

¬†Se camina y se rodean las dos gigantes piscinas con gigantes cascadas. Han sembrado robles blancos de California. Estos √°rboles fueron seleccionados de las guarder√≠as que se encontraban dentro de un radio de 500 millas de los tres lugares de los atentados. El simbolismo en toda su extensi√≥n. Sobrevivi√≥ solo un √°rbol en esa zona. Lo cuidan como a la ni√Īa de sus ojos. Forrado est√° por mangueras de hule para no lesionarlo. Es quiz√° su √Ārbol de la Noche Triste, como el que tenemos en M√©xico. Sobrevivi√≥, y al pie la gente deja cartitas con mensajes. Leo uno: ‚ÄėNo los olvidaremos‚Äô. Llegan al pie un bombero joven. Quiz√° √©l no vivi√≥ en ese lugar ese d√≠a maldito, cuando el mundo no volvi√≥ a ser el mismo. Se respira paz. Es terreno sagrado. Un camposanto, como aquel suelo bendito de Gettysburg, que el presidente Lincoln consagr√≥ y santific√≥ a la inmortalidad, cuando dijo: ‚ÄúQue estos muertos gloriosos nos infundan su devoci√≥n a la causa por la cual derramaron hasta la √ļltima gota de sangre‚ÄĚ.

Como estos, de aquel septiembre de 2001.

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*Esta es opinión personal del columnista