Apatía y Hambre, mala combinación

12 junio 2017 | 14:25 hrs |

Por Jesús Castañeda Nevárez

 

El malestar que los electores manifestaron en las urnas en la elección del 2016 y que dieron fin al dominio del PRI, parecía el inicio de una nueva era en la vida política, económica y social de los veracruzanos.

En esa ocasión se envió un mensaje a la clase política y gobernante en el que se le advirtió que ya no se le permitirá que abuse de los ciudadanos, sea por los malos resultados en su trabajo dentro del servicio público, por el incumplimiento de las promesas empeñadas durante la campaña por el voto, o porque se le descubra metiéndole la mano al cajón del dinero, como ha sido la práctica de casi todos en la historia reciente.

El día de esa elección hubo que hacer largas filas para poder emitir el voto; la gente salió a votar empujada por el coraje y el deseo de justicia. Ese ingrediente consiguió el resultado que las mayorías reclamaban.

Llegó un nuevo gobierno, un nuevo estilo de gobernar, pero también una nueva forma de agravio a la sociedad. Las expresiones de molestia no se hicieron esperar y circularon por todos lados; las redes sociales mostraban el descontento popular por el nuevo gobierno, principalmente por muchos malos funcionarios que con una pésima actitud y trato déspota, han dado al traste con lo prometido por el gobernador. Personajes que llenos de soberbia piensan que el poder es para siempre y pueden pisotear a los demás como si no tuvieran valor alguno.

Los ex trabajadores del gobierno que fueron despedidos y reemplazados por ciudadanos poblanos, o quienes perdieron su fuente de empleo a causa del cierre de la empresa por la negativa de pago del gobierno a todos los proveedores que lícitamente fueron contratados por la pasada administración, se sumaban al clamor popular de inconformidad que podría configurar los elementos suficientes para acudir a las urnas y manifestarlo mediante el voto.

El día “D” llegó y se esperaba un escenario semejante al del 2016, pero no, no ocurrió así. Los sitios ya instalados y dispuestos a la atención de los votantes en esta ocasión estuvieron vacíos. Se percibía el “abandono” de los electores; en algunas casillas ubicadas en las colonias la afluencia era mayor porque llegaban en grupos, posiblemente como parte del trabajo de los partidos políticos en el proceso de “acarreo” del voto previamente vendido por hambre.

Y es precisamente ese voto vendido y no razonado el que marca los resultados de la elección. El estado se pintó de azul; el dominador histórico pasó a la segunda fuerza, aunque muchos anticipaban una caída hasta el 4º sitio; los partidos pequeños hacen un papel decoroso y se acomodan en el 3er y 4o lugar con un reparto de triunfos que les permiten seguir figurando en el escenario político.

El tema de los Independientes sigue sin dar el brinco que todos suponíamos por el hartazgo de los partidos políticos, pero logran hasta el momento 3 alcaldías importantes.

La nota negra de este proceso electoral ocurrió durante las campañas y previo al día de la votación con actos violentos que muestran lo irracional del ser humano, que está dispuesto a todo con tal de alcanzar el “poder” aunque éste resulte del tamaño de un modesto municipio. Lo que importa es ganar a costa de lo que sea.

Pero acaso el resultado de la elección no debiera centrarse en el reparto de alcaldías o las posiciones en la tabla política y los partidos que quedan en riesgo de desaparecer, sino en el alto costo de nuestra democracia para tan poca participación de los electores. Las principales ciudades no rebasan el 50% en promedio y si acaso se lograse el 55% de votos del padrón electoral, será porque en las poblaciones pequeñas la gente participó en mayor número, quizá porque en esos lugares los candidatos son gente de mayor arraigo e identificada con su comunidad.

Algo se debe hacer para que la sociedad acuda a las urnas en cada proceso electoral, sin que lo haga por coraje y ansia de venganza, pero tampoco que por hambre venda su voto y su voluntad al mejor postor.

Iniciativas como la del Diputado Independiente Pedro Kumamoto debieran ser tomadas en cuenta, para que el financiamiento a los partidos políticos sea otorgado con base a la votación válida y no en base a los padrones electorales, lo que con relación al proceso de Veracruz representaría un ahorro del 50% de las prerrogativas y eso nos llevaría a la desaparición de los partidos morralla.

El establecimiento de la 2ª. Vuelta para asegurar triunfos por verdadera mayoría y no la vergonzosa “mayoría” de una raquítica votación. Además de una depuración de candidatos que hoy han sido un excesivos y que pudieran ser  un factor inhibidor de la participación ciudadana en el día de la votación.

Pudiera ser necesaria la modificación del Art. 35 de la Constitución con relación al derecho del ciudadano a votar y ser votado, para convertir el voto en una obligación que de el acceso a todos los derechos ciudadanos consagrados en la misma.

Algo debemos hacer para despertar el compromiso participativo de los mexicanos, el valor y coraje para luchar y defender sus ideales, sus principios y sus intereses; algo que reactive el espíritu de guerreros que pareciera perdimos durante la conquista. Algo que nos lleve a aspirar una vida digna y no a conformarnos con la pobreza moral e intelectual que nos hace aspirar únicamente lo que otros consiguen nadando en la corrupción. Es mi pienso.

 

NR. Esta es opinión personal del columnista.