Año 2100, ¿la humanidad se extingue sin dolor?

Las proyecciones demográficas de la ONU muestran que hacia fin de siglo las familias dejarán de tener la cantidad de hijos suficiente para remplazar las muertes

12 agosto 2017 | 12:52 hrs | Infobae

El gran temor de los demógrafos del siglo XIX, como Thomas Malthus, era que la población mundial aumentara al punto de desbordar los recursos disponibles para garantizar su supervivencia. Las proyecciones presentadas por la ONU en la Revisión 2017 de las Perspectivas Mundiales de Población sugieren que la preocupación de los próximos 100 años será el fenómeno opuesto: la paulatina reducción de la especie humana por la baja sostenida en la tasa de natalidad.

En 1950 vivían en la Tierra 2.536 millones de personas. En los 67 años que pasaron, la población mundial se triplicó, llegando a 7.550 millones. En los próximos 83 años continuará el crecimiento, pero a un ritmo muy inferior: los 11.184 millones de 2100 representarán una suba de sólo 48 por ciento.

“¿Cuánto falta para que la población mundial llegue a su pico y comience a disminuir? Ocurrirá durante la primera o la segunda década del siglo XXII, es decir, dentro de unos 100 años. Virtualmente, ninguna persona viva hoy podrá ser testigo de ello”, contó John B. Casterline, director del Instituto de Investigaciones sobre Población de la Universidad Estatal de Ohio, consultado por Infobae.

Las proyecciones son muy dispares por región. Europa, por ejemplo, se achicará un 12% (pasará de 742 a 653 millones). Asia y América Latina crecerán apenas un 6 y un 10% (de 4.504 a 4.780 millones, y de 645 a 712 millones). El gran motor de la humanidad en el próximo siglo será África, que experimentará un avance de 255%, de los 1.256 millones actuales a 4.467 millones.

 

El país que atravesará la caída más crítica en su población es Moldavia, que se reducirá a la mitad. Los 4 millones de habitantes de hoy pasarán a ser 1,9 millones en 2100. Un encogimiento similar experimentará Jamaica: de 2,8 a 1,4 millones. Bulgaria y Puerto Rico seguirán con caídas del 45 y 44 por ciento. Polonia, con una baja del 44%, tendrá casi 17 millones de personas menos que en la actualidad. Otro que se achicará, aunque no tanto, es China. Tras una baja de 27% (pasará de 1.409 a 1.020 millones), dejará de ser el país con más habitantes del planeta. Su lugar será ocupado por India, que crecerá un 13%, hasta 1.516 millones de personas.

Para que la población de un país se mantenga en el mismo nivel, se calcula que la fecundidad media tiene que ser de 2,1 nacimientos vivos por mujer. Por debajo de eso empieza a disminuir la cantidad de habitantes. A nivel mundial, eso ocurrirá en 2100, cuando la fecundidad sea 1,97. En ese momento, África será la única región que se mantendrá por encima, aunque por poco: de los 4,72 hijos por mujer de hoy pasará a 2,14. Norteamérica y Europa ya están por debajo del nivel de reemplazo desde 1980, con 1,77 y 1,98 respectivamente.

El país que tendrá la menor fecundidad en 2100 será Singapur, con apenas 1,45. Es un dato preocupante para una nación de sólo 5,4 millones de habitantes, y que viene desde hace tiempo con una natalidad baja. La caída más espectacular se registrará en Yemen, que pasará de 8,6 en 1980 a 1,7 en 2100. Para tener dimensión de lo generalizado de este proceso basta comprobar que el país que tendrá la mayor fecundidad será Zambia, con sólo 2,49.

 

¿La humanidad, en peligro de extinción?

“Podría ser imaginable en el futuro”, respondió Casterline al interrogante. “Pero si ocurriera sólo debido a la baja fecundidad, sin que intervenga una catástrofe medioambiental o una guerra nuclear, tendrían que pasar muchos, muchos siglos. Ningún demógrafo ha calculado una proyección que muestre a la población mundial declinando hasta cero. Claro que si súbitamente una generación dejará de tener hijos la extinción ocurriría en el transcurso de 100 años. ¿Pero qué probabilidades hay de que ocurra algo así? Parece imposible, sería algo propio de la ciencia ficción más que de la demografía científica”.

El economista checo Tomas Frejka, investigador independiente en asuntos demográficos, coincidió en el diagnóstico: no hay que preocuparse por un riesgo de extinción, al menos no durante las próximas centurias. “La razón —dijo a Infobae— es que la actual estructura de edad garantiza cierto crecimiento futuro de la población. Hay tantas mujeres jóvenes que incluso aunque su fecundidad caiga, el número total de nacimientos seguirá siendo superior al de muertes durante mucho tiempo”.

La otra causa de que falte tanto tiempo para que se pueda pensar en un riesgo de supervivencia para la especie humana es el segundo gran fenómeno demográfico de esta época, que la gente vive cada vez más tiempoEl promedio mundial de 70,8 años de vida trepará hasta 82,6 a fin de siglo. El registro más alto lo tendrán Norteamérica y Europa, con 89,9 y 89,3 cada uno. El único continente que estará por debajo de 80 es África, que igual se estirará hasta 78,4.

El resultado de combinar una disminución de la natalidad con un aumento de la expectativa de vida es inconfundible: el envejecimiento de la población. Ésa no sólo es una amenaza a futuro, sus efectos ya se pueden sentir. “En la actualidad, el grupo de edad que va de 0 a 14 años representa el 26% del total, y los de 65 años y más, el ocho por ciento. En 2100, las personas de entre 0 y 14 años serán el 18%, y los mayores de 65, el 23 por ciento. Si la fecundidad siguiera siendo declinante, el envejecimiento va a continuar”, afirmó Frejka.

Guido Pinto Aguirre, investigador del Centro para la Demografía de la Salud y del Envejecimiento de la Universidad de Wisconsin — Madison, sostuvo que si esta tendencia persiste —como seguramente ocurrirá—, se verá comprometida la calidad de vida en el mundo. “Una disminución de la tasa de fecundidad produce una reducción de la cantidad de trabajadores. Por lo tanto, existe un número menor de contribuyentes al fisco, y una reducción de la producción de la economía, a menos que existan importantes aumentos de la productividad. Esto significa que cada año un número menor de trabajadores debe financiar a un número cada vez mayor de jubilados”, dijo a Infobae.

El problema no es sólo financiero por el desbalance entre la población activa y la pasiva. Los adultos mayores necesitan tener a su alrededor personas que los cuiden. El menor peso relativo de los jóvenes dejará a muchos ancianos que no se pueden valer por sí mismos en condiciones de extrema vulnerabilidad.

“Por otro lado —continuó Pinto Aguirre—, una reducción potencial de la población en el tiempo significa menor consumo en la economía, menor recaudación de impuestos, una caída de la actividad que se refleja más adelante en mayores tasas de desempleo y una disminución del producto per cápita. Esta cadena de eventos conduce también a importantes cambios estructurales bastante dramáticos en las zonas rurales, como la migración de personas jóvenes hacia centros urbanos, dejando atrás economías en crisis por la falta de mano de obra”.

Cómo combatir un fenómeno que parece irreversible

El envejecimiento poblacional es un proceso irrefrenable. Una respuesta podría ser la migración de personas de países jóvenes a países viejos —obviando los problemas sociales y culturales que podrían estar aparejados—. Pero en países con muchos habitantes no sería suficiente, además de que no es una respuesta sostenible a largo plazo.

“Por ejemplo —dijo Pinto Aguirre—, Francia necesitaría 100 millones de jóvenes migrantes en los próximo 50 años solo para mantener la estructura de edad presente. Japón, no dispuesto a fomentar el ingreso de migrantes jóvenes al país, está orientando grandes recursos económicos a la robotización de las actividades cotidianas, con la esperanza de que el cuidado de los adultos mayores —trabajo muy impopular entre los japoneses— pueda resolverse a través de la automatización”.

No obstante, si bien el envejecimiento no parece reversible, podría estabilizarse si se lograra mantener la tasa de fecundidad en el nivel de reemplazo. Eso no sería imposible. Pinto Aguirre destacó, por caso, la importancia de “proveer incentivos a las parejas para aumentar los embarazos deseados a través de transferencias monetarias por cada hijo nacido”.

Todo esto debería formar parte de una estrategia integral. “Los demógrafos hemos estudiado esta cuestión detenidamente —dijo Casterline—. La conclusión es que las respuestas tienen que apuntar a hacer la crianza de los hijos menos gravosa para las mujeres. Para eso se necesita mayor igualdad de género en la esfera doméstica, y aumentar el financiamiento público de los centros para