Algo brilla al fondo del túnel

6 marzo 2017 | 12:21 hrs | Jorge Miguel Ramírez Pérez

Un año difícil en nuestro tema de la política estatal, la nacional y hasta la mundial.  Sucesos que de suyo tienen un peso que ensombrece nuestra vida colectiva. Asuntos de los que se tiene que tomar conciencia y acción consecuente. Maquinaciones perversas que dieron forma a desastrosas realidades, que sumen en el desaliento la improbabilidad de  revertirlas.

Un alud de malas noticias castigan las malas decisiones  que tomamos o no tomamos en su momento. Tal vez no se abrieron bien los ojos entonces, o la dejadez evitó  ver la irresponsabilidad en movimiento, porque estaba ante todos y no se vio suficientemente el daño y la magnitud de sus consecuencias, no se consideró por algún motivo, el sufrimiento real que causarían quienes al amparo del poder y leyes fabricadas a propósito de mejorar la impunidad, iban a dejar sin efecto  a la justicia o a lo que se esperaba de ella.

Pero en esos negros mares de desánimos, siempre hay pausas para devolvernos carácter y un hondo respiro para tomar refuerzo. No falta la pequeña gran luz que ilumina la esperanza de saber que hay un buen Dios, que se manifiesta más que en el poder de los hombres, en sus debilidades, que se convierten en fortalezas inexpugnables que son ejemplo para todos.

Y eso es lo que Mariela Valencia nos enseña meridianamente no con discursos o palabras desconectadas de los hechos, sino en las realidades de  una vida de combate frontal, permanente y persistente contra  adversidades de a de veras.

Mariela acaba de presentar para ejemplo de muchos en Xalapa donde reside, un libro: “El Sueño del Ángel”, editado por Porrúa que como dijo el presentador y comentarista de la obra: Moisés Hernández, un joven crítico literario, “ es una prosa ligera”. Es una historia romántica, plena de experiencias de la riqueza de la vida: las  relaciones que a la vez dan forma a una autobiografía, un género que Hernández calificó acertadamente difícil, que ella fue dando la fluidez  que envuelve la sinceridad sin afectaciones o los recursos del plagio.

Su obra, pero mas, ella misma te levanta el espíritu y te conmueve la manifestación de su amor por la vida, al Creador, a los suyos; y la gratitud inmensa que Mariela tiene.

Porque o que ella expresa en su obra no es una retórica de la automotivación de la jerga positivista del tipo de Norman Vincent Pil, de la que se llenan las paredes de las empresas y hasta las oficinas públicas de los contralores que en vez de hacer su trabajo, diseminan filosofía barata. No, lo que Mariela trae es un auténtico optimismo que crece con los logros y fracasos,  peldaño por peldaño de la verdad a la que se enfrenta, a la que primero hay que aceptar como tal, para conocerla en su extensión viva y no únicamente idealizada.

La intervención de la rectora  de la UPAEV, Maribel Sánchez Lara invadida por la emoción debe haber sentido el orgullo de que Mariela fuera una de sus egresadas. Porque cuando la persona tiene talento y virtud, hay para dar y repartir mucha riqueza humana, que alcanza para todo el trayecto, para ser un ejemplo viviente no una metáfora  de resabios.

Fuera de lo común de este siglo y el pasado. Sin las rabias y los resentimientos que se ensalzan en las obras de los que están en las condiciones de capacidades diferentes o limitaciones, como los que ella padece de parálisis cerebral,  la actitud de esta joven profesional enaltece al ser humano con su sencillez y su disputa por lo mejor de la vida, la que conoce como compromiso concreto, no inventando sus grandes bondades, sino disfrutándolas.

La obra en su calidad y extensión no es menor, es un desafío para cualquiera que hace de la pluma una apasionada entrega, pero sobre todo como escribe Mariela en una de sus páginas centrales, la 330:  “El sueño de un ángel”, es precisamente eso . Una historia especial, llena de amor , que representa, como su nombre dice, el sueño de Maya , ¡un ángel en la tierra!…

Porque eso es lo que representa esta mujer de Dios : Mariela, en medio de nosotros es un inevitable modelo de creatividad y constancia. En un  mundo donde las luchas de la tortuosidad cotidiana nos abruman, amenazando con bajar la guardia o de plano aceptar la derrota. Allí está una pequeña lucecita que brilla con gran intensidad al fondo de un  túnel oscuro: ¡un ángel en la tierra!

*Esta es opinión personal del columnista