40 años

1 marzo 2017 | 11:07 hrs | Mario Noriega Villanueva

 

Cuatro décadas que se dicen pronto pero cuánto no ha sucedido al interior de la Sección 30 del STPRM y del sindicato mismo o para ser más claros, en el sindicalismo nacional. A lo largo de ese tiempo, para empezar, prosiguieron a Heriberto Kehoe Víncent, en el liderazgo seccional –en el nacional solo uno, porque jamás la Sección 30 ha tenido oportunidad alguna de volver a ocuparla–, Óscar Torres Pancardo –fallecido un 8 de septiembre cuando fungía también como presidente municipal de esta ciudad–, Rubén Amador Castro, Javier Inés Ramos Juárez, Sergio Lorenzo Quiroz Cruz –una primera vez–, Jorge del Ángel Acosta y hasta la fecha, nuevamente Sergio Lorenzo.

Aquel 28 de febrero de 1977, “El Güero”, sostuvo una reunión de trabajo con comisionados nacionales, comisionados locales, comité ejecutivo local y directiva del FRUS en un restaurant ya desaparecido frente a la plaza cívica “18 de Marzo”, donde al terminar, lo entrevistábamos y camino hacia lo que fue la secundaria y preparatoria que llevó su nombre, pero poco antes de llegar a la salida, el secretario de trabajo Antonio Zapién, quien le pidió hablar con él en tanto nosotros –Sotero Ramírez Jiménez, fotógrafo, y yo, nos adelantábamos a la obra. Minutos después, sucedía la desgracia y se privaba a Poza Rica, de un líder que le está haciendo falta todavía.

Temí algo grave cuando en el traslado hacia la escuela, vi en el retrovisor del pequeño VW que una camioneta venía a velocidad inmoderada. La seguimos y solo escuchamos un desgarrador “Mi suegro”, que salió de la boca del arquitecto Gánem, yerno del dirigente inmolado y sin más ni más nos regresamos al lugar del homicidio pero ya para esos instantes, todo estaba resguardado por los distintos cuerpos de seguridad –Policía municipal, Policía Ministerial, Ejército y todos–, sin permitir el acceso a nadie y el cuerpo ya inerte del “Güero” se encontraba en la Cruz Roja que se localizaba a unos metros del sitio fatal. No había nada más qué hacer, ya había fallecido. La bala penetró en la cabeza y en su trayectoria afectó nervios vitales. Su muerte casi fue instantánea.

“Con unidad y trabajo, ¡lo bueno debe ocurrir!”, su lema, se estaba cumpliendo porque dio al liderazgo nacional que ostentó durante apenas dos meses de un sexenio, pues los petroleros se desenvolvían en una completa unidad y él, a su vez, llevaba a cabo un programa de apoyo a la comunidad con obras sociales.

Y mire lo que son las cosas, si Toño, el homicida hubiese sido localizado a tiempo, el crimen se pudo haber evitado, porque precisamente al llegar de México a esta ciudad, dispuso su búsqueda para entregarle el documento que por tercera ocasión, lo salvaba de la rescisión de contrato. Era algo que debía haber atendido un comisionado pero que “El Güero”, le puso especial atención para convenir su reinstalación. Nunca supo porque a él lo mataron en ese mismo lugar, que su caso, ya había quedado resuelto, solo que tenía que ser transferido a otro lugar, pero le salvaban su patrimonio. “El Güero” por su parte, no supo el por qué lo condenaron a morir tan violentamente. Con Oscar Torres, persistió la unidad y el trabajo, con el difunto “La Jícama”, hubo un intento de asonada al interior de la organización petrolera, pero afortunadamente, todo quedó solo en intento. Javier Inés, iba bien, pero su soberbia y prepotencia, lo perdieron. El sector petrolero volvió a recobrar la unidad con Sergio, siguió con Jorge del Ángel y se reafirmó con Sergio en su segunda etapa.

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NR. Esta es opinión personal del columnista.