2018: el año del retorno de las naves tripuladas de Estados Unidos

En 2011 despegó la última nave tripulada estadounidense. Desde entonces los astronautas de la NASA solo han podido acceder al espacio usando naves Soyuz rusas

18 enero 2018 | 10:26 hrs | Naukas

En 2011 despegó la última nave tripulada estadounidense. Desde entonces los astronautas de la NASA solo han podido acceder al espacio usando naves Soyuz rusas pagando una suma que ha aumentado paulatinamente (cada asiento a bordo de una Soyuz en 2018 le ha salido a la NASA por 82 millones de dólares). Pero este año todo debe cambiar. Si la NASA se sale con la suya en 2018 despegarán por primera vez las dos naves que deben devolver a Estados Unidos la autonomía para llevar sus astronautas a la Estación Espacial Internacional (ISS): la CST-100 Starliner de Boeing y la Dragon 2 de SpaceX. Por fin, después de varios años de retrasos sus primeras misiones están previstas para agosto de este año.

Boeing está construyendo un total de tres cápsulas Starliner —denominadas de forma muy original como Spacecraft 1, 2 y 3 (SC1, SC2 y SC3)— que serán reutilizadas después de cada misión, además de un vehículo de pruebas. La Starliner será la primera cápsula estadounidense que aterrice en tierra firme en vez de amerizar en el océano, una medida introducida para facilitar el rescate de la tripulación y facilitar la reutilización. Para ello la cápsula ha sido equipada con un sistema de airbags que amortiguarán el choque contra la superficie. Hasta finales de octubre de 2017 se habían llevado a cabo en el centro Langley de la NASA once ensayos de aterrizaje de un total de catorce previstos. El año pasado también se soltó la cápsula desde un helicóptero para comprobar el correcto funcionamiento de los airbags y los paracaídas. Por si acaso, el sistema de paracaídas fue sometido a otra prueba en la que se desplegaron a la altura correspondiente a una misión real, por lo que fue necesario elevar un modelo de la cápsula mediante un globo aerostático.

Después de los problemas imprevistos que aparecieron el hace unos años relativos al mal comportamiento aerodinámico de la cápsula una vez integrada con el cohete Atlas V N22 (un Atlas V 412 sin cofia), Boeing decidió introducir un anillo estabilizador alrededor de la cápsula y un ‘faldón’ en la parte trasera del vehículo. Las pruebas en túneles de viento de esta configuración han sido satisfactorias. La Starliner usará un lanzador Atlas V con una segunda etapa Centaur dotada de dos motores, a diferencia de las versiones normales, que solo tienen un motor. A principios de enero de este año la Starliner pasó el DCR (Design Certification Review), un paso necesario que demuestra que la nave está lista para entrar en servicio. Las cápsulas Starliner se preparan en el edificio C3PF (Commercial Crew and Cargo Processing Facility) del Centro Espacial Kennedy. Este edificio se conocía antiguamente como OPF-3 y que antes estaba dedicado a preparar el transbordador espacial entre cada vuelo.

La rampa SLC-41 desde donde despegarán las naves Starliner ya ha sido equipada con la pasarela para la tripulación y la característica «habitación blanca» para preparar a los astronautas antes de entrar en el vehículo. También se han probado el sistema de escape de la rampa en caso de emergencia, consistente en una tirolina que permitirá evacuar a los astronautas hasta una distancia segura si surge un problema antes del despegue. No obstante, la Starliner tiene aún que superar su prueba más importante antes de la primera misión: comprobar el funcionamiento del sistema de escape, consistente en cuatro motores de 8,2 toneladas de empuje en total situados en el módulo de servicio. Estos motores funcionarán también como sistema de propulsión una vez en órbita. Esta prueba, denominada PAT (Pad Abort Test), tendrá lugar en las instalaciones de la NASA en White Sands (Nuevo México).

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