200 mil a cada sicario para matar a Castagné, pero no les pagaron

20 julio 2017 | 21:16 hrs | José Ortiz Medina

En El Universal, se publica un interesante comentario de Héctor de Mauleón: “La orden vino de El Quino, a quien se identifica como jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación, CJNG, en la zona centro de Veracruz. El 24 de junio pasado, El Quino le telefoneó a su jefe de plaza en Cardel, un sujeto apodado El Cachetes, y le dijo que en la zona andaban “unos Azules” a los que había que matar. El Cachetes trabajó mucho tiempo como policía estatal. Hace tres años fue reclutado por el CJNG. El Wero lo puso como responsable de Cardel y le entregó una célula compuesta por diez sicarios. El pago de El Cachetes era de 18 mil pesos al mes. A cambio tenía la misión de “desmembrar a la contra” (Los Zetas), y colocar cartulinas al lado de sus víctimas para que quedara claro quién controlaba la zona. Aquel sábado 24 de junio, El Cachetes reunió a sus sicarios en el lugar que conocían como “la casa verde”. Ahí se guardaban las armas y los autos que empleaban en los operativos. Les dijo que tenían que hacer “un súper jale” por el que les iban a pagar 200 mil pesos a cada uno. El encargado de la seguridad de El Cachetes es un individuo apodado El Delta. El Delta le encomendó a uno de sus sicarios, cuyo apodo es La Máscara, que ubicara cuanto antes a los federales. La Máscara, que se movía en un taxi, llamó poco después para decir que ya tenía en la mira a los elementos. Los había visto entrar a La Bamba, un restaurante de mariscos. “Son tres nada más”, dijo. El Cachetes se comunicó con un mando policiaco local, identificado como “el comandante Fierro”, y le dijo que no quería que hubiera policías en las cercanías del restaurante. De acuerdo con documentos de la investigación realizada por autoridades federales, tres camionetas salieron de la casa verde y enfilaron a la marisquería. Los sicarios dijeron luego que no les habían dicho a quién iban a matar, que sólo les informaron que iban “a chingar a unas personas”. Entendieron de qué se trataba cuando vieron una Lobo de la Policía Federal estacionada en la calle. “Ya valió madre”, pensó uno de ellos. Los sicarios apodados La Flaca, El Micky, El Chicles y El Niño Gerber descendieron de los vehículos. Llevaban armas cortas metidas en el cinto. Una vez en el restaurante, se sentaron atrás de los policías y esperaron hasta que les trajeron los platillos. Aquel sábado el coordinador de la Policía Federal, Camilo Juan Castagné Velasco, había ido a La Bamba acompañado por dos inspectores. Castagné estaba a punto de jubilarse después de 30 años de servicio. En Veracruz, había golpeado a varios grupos de “huachicoleros” y afectado los intereses del CJNG. El Delta diría después que la orden de asesinar a “los Azules” se debía a que éstos no habían querido colaborar con la organización. Cuando los platos llegaron a la mesa, los cuatro sicarios se levantaron con las armas en la mano. La Flaca le disparó a Castagné en la cabeza. Uno de los inspectores cayó herido (lo dieron por muerto), otro alcanzó a echar mano de su arma y, abriendo fuego, logró salir del restaurante. El Tomate y El Pikachu, dos sicarios que esperaban en una de las camionetas, bajaron con las armas listas y dispararon sobre el inspector que huía hasta que se les acabaron los tiros. En medio de la balacera, los sicarios oyeron que alguien gritaba: “¡Fuga! ¡Fuga!”, y corrieron hacia los vehículos. La Máscara se esfumó en el taxi en el que había llegado. El Delta llevó la camioneta en la que se trasladaba a las cercanías de una playa, y la quemó. Los sicarios se escondieron en un hotel del puerto de Veracruz. Al día siguiente alguien los buscó y les dio unos boletos de ADO para que viajaran a Puebla. Les ordenaron deshacerse de sus teléfonos. Lo hicieron, pero algunos de ellos siguieron en contacto con sus familiares.
Los oficiales caídos fueron homenajeados el 26 de junio. El comisionado general de la Policía Federal, Manelich Castilla, afirmó que la muerte de éstos, en lugar de desalentar a sus hombres, los animaba a dar cuanto antes con los responsables. El gobierno de Veracruz ofreció una recompensa. En Puebla, los sicarios pasaron varios días en un departamento de lujo. Un taxista les llevaba bolsas de comestibles. El Quino les mandó decir que cuando las cosas se enfriaran serían trasladados a Tijuana. Ellos estaban desesperados. Escribían a sus familias mensajes que luego borraban. Peleaban entre ellos todo el tiempo. Los 200 mil pesos prometidos no llegaron jamás. Una madrugada, mientras dormían, escucharon ruidos. La Policía Federal los tenía rodeados”.

Fusionarán Tránsito y Transporte

Trascendió que el titular de la SSP, Jaime Téllez Marie, planea fusionar nuevamente las direcciones de Tránsito y Transporte, las cuales fueron separadas en las administraciones emanadas del PRI.
Sólo faltaría ver quiénes de los titulares de esas áreas será la cabeza de la nueva dependencia.
Es probable que el titular del Poder Ejecutivo envíe en breve al Congreso Local la iniciativa correspondiente.
Habrá que ver si aunque la mona se vista de seda, las cosas cambian en esa importante oficina gubernamental. Porque no será tarea fácil erradicar la terrible corrupción que casi siempre ha caracterizado al tema del tránsito y el transporte.
¿Será que ahora sí habrá un cambio real de imagen en esa parcela del gobierno yunista? Ya se verá.

Liz Mariana leerá sus poemas

Este viernes, en punto de las 21:30 pm, Liz Mariana Bravo compartirá sus versos en un barecito llamado LA CULPA (Barragán # 5, de esta capital). Liz Mariana estará acompañada por Ray Morteo, cantautor xalapeño quien ha compartido escenario con Pablo Milanés y Edgar Oceransky, entre otros y, además, es ganador de la Beca María Grever 2017.
La cooperación es voluntaria. Pueden reservar mesa en el 2281081454.